El día era gris. El lugar frío. Lo fundamental de la estampa era un lago, de fondo oscuro pero de agua muy transparente: cerca de la orilla los cantos rodados del lecho se podían ver con nitidez.
El aire era fresco pero me metí en el agua sin notar el mínimo escalofrío. Tampoco sentí el pinchazo de los cantos rodados clavándose en mis pies. Todo esto llamó mi atención. Me sentí tan bien que decidí sumergirme entero en el agua, hasta que la persona que se bañaba conmigo me llamó la atención. "No lo notas, pero en realidad estás pasando frío. Es mejor que salgas ya o agarrarás una fuerte".
Mi padre se fue hace 8 años. Hoy, en un sueño, después de tanto tiempo, he vuelto a hablar con él.
martes, 30 de octubre de 2007
miércoles, 17 de octubre de 2007
Fácil versus difícil
Cuando se recala en un lugar con una red de metro extensa, como es el caso de Londres, uno tiene la tentación de convertir este medio de transporte en monopolio absoluto de los desplazamientos por la ciudad. Es rápido y las posibilidades de perderse parecen pequeñas. Llegas a todos lados, los transbordos son sencillos. Todo son ventajas. Es la opción fácil.
Pero en Londres se circula por la izquierda y las cosas son al revés. En Londres hay que hacer un pequeño esfuerzo inicial por entender los gráficos que explican cómo llegar a todos lados montado en un segundo piso sobre ruedas. Es la opción que parece más complicada, pero una vez se prueba, no se vuelve a bajar a las catacumbas.
En Londres sucede que hay que optar por lo difícil. Hacer un esfuerzo para empezar. Arriesgar para acabar ganando.
Yo elegí y tomé el camino arriesgado. Para ganar.
Paso 1: encontrar un plano que explique cómo moverse usando el autobús. Es más sencillo de lo que uno se puede imaginar

Paso 2: subirse al segundo piso (Trafalgar Square, Londres, 14 de octubre de 2007)
Pero en Londres se circula por la izquierda y las cosas son al revés. En Londres hay que hacer un pequeño esfuerzo inicial por entender los gráficos que explican cómo llegar a todos lados montado en un segundo piso sobre ruedas. Es la opción que parece más complicada, pero una vez se prueba, no se vuelve a bajar a las catacumbas.
En Londres sucede que hay que optar por lo difícil. Hacer un esfuerzo para empezar. Arriesgar para acabar ganando.
Yo elegí y tomé el camino arriesgado. Para ganar.
Paso 1: encontrar un plano que explique cómo moverse usando el autobús. Es más sencillo de lo que uno se puede imaginar
Paso 2: subirse al segundo piso (Trafalgar Square, Londres, 14 de octubre de 2007)
miércoles, 10 de octubre de 2007
El murete de Aarhus
Hace unos días, en un callejón de Aarhus en Dinamarca, me llamó la atención esta forma de separar los espacios. Un diseño original para construir un murete. Un montón de piedras que parecen flotar en el aire, que parecen libres, pero que no lo son. Y pensé en todas las restricciones a nuestro alrededor que nos condicionan y de las que muchas veces ni siquiera somos conscientes. O sí, pero preferimos obviarlas. Pensé en la malla metálica que también existe en nuestro día a día y que no nos permite ser o hacer lo que realmente quisiéramos ser o hacer.
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viernes, 5 de octubre de 2007
El club de los segundos
Todos tenemos una idea más o menos clara de lo que es el Tercer Mundo, el conjunto de países eufemísticamente llamados "en vías de desarrollo", muchos de los cuales están todavía muy lejos de estar en vías de nada.
Cuando nos hablan de "Primer Mundo" nuestra confusión aumenta. ¿Hasta dónde abarca este concepto?. ¿Quién alcanza a pertenecer al club de los privilegiados?
Pero claro, matemáticamente hablando, si hay un Tercer Mundo y un mundo de los primeros, tiene que existir uno que sea el segundo. Y ahí ya sí que nos perdemos totalmente ¿qué será eso del Segundo Mundo?
El Segundo Mundo no está en el punto de mira de nadie como le sucede al Tercer Mundo. Ni sufre la gran mayoría de sus padecimientos. Tampoco se posan las miradas sobre él como le ocurre al Primer Mundo. Un escrutinio constante. La presión perpetua sobre el que tiene que jugar el papel de supuesto ejemplo a seguir.
El Segundo Mundo pasa desapercibido, es más libre e independiente. Puede meter las narices arriba y abajo y luego escabullirse. Son las ventajas del segundo, cuya única preocupación es la de que no le pongan un acento a la "o" y le añadan una "n".
Los que hemos nacido segundos en familias más o menos numerosas conocemos bien ese rol. Sabemos las particularidades de nuestro papel. Nos han hecho menos caso, pero hemos intentado aprovecharnos de esa situación. De la libertad que nos ha dado nuestra posición, de la tranquilidad de saberse desapercibido cuando hay turbulencias. Y sabemos defendernos de la amenaza que nos imponen los que nos quieren colgar acentos y enes.
Hemos instaurado con mi segunda hija una alianza secreta. El Club de los Segundos. Ser segundo mola.
Cuando nos hablan de "Primer Mundo" nuestra confusión aumenta. ¿Hasta dónde abarca este concepto?. ¿Quién alcanza a pertenecer al club de los privilegiados?
Pero claro, matemáticamente hablando, si hay un Tercer Mundo y un mundo de los primeros, tiene que existir uno que sea el segundo. Y ahí ya sí que nos perdemos totalmente ¿qué será eso del Segundo Mundo?
El Segundo Mundo no está en el punto de mira de nadie como le sucede al Tercer Mundo. Ni sufre la gran mayoría de sus padecimientos. Tampoco se posan las miradas sobre él como le ocurre al Primer Mundo. Un escrutinio constante. La presión perpetua sobre el que tiene que jugar el papel de supuesto ejemplo a seguir.
El Segundo Mundo pasa desapercibido, es más libre e independiente. Puede meter las narices arriba y abajo y luego escabullirse. Son las ventajas del segundo, cuya única preocupación es la de que no le pongan un acento a la "o" y le añadan una "n".
Los que hemos nacido segundos en familias más o menos numerosas conocemos bien ese rol. Sabemos las particularidades de nuestro papel. Nos han hecho menos caso, pero hemos intentado aprovecharnos de esa situación. De la libertad que nos ha dado nuestra posición, de la tranquilidad de saberse desapercibido cuando hay turbulencias. Y sabemos defendernos de la amenaza que nos imponen los que nos quieren colgar acentos y enes.
Hemos instaurado con mi segunda hija una alianza secreta. El Club de los Segundos. Ser segundo mola.
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Ventilando pensamientos
jueves, 13 de septiembre de 2007
Saber, demoler, doler, pertenecer
I. Sólo tú sabes bien quién soy
Hizo el ejercicio de buscar por internet la cifra más actualizada de seres humanos que pueblan la Tierra. Más de 6000 millones. Y sólo uno entre 6000 millones conocía toda la verdad, o casi toda. Todos los recovecos y todos los ángulos inverosímiles pero ciertos. O casi todos. Toda su realidad, del derecho y del revés.
Uno entre 6000 millones. Ese pensamiento le dio vértigo. Y se sintió totalmente entregada, a expensas de él.
II. Sólo tú doblas mi razón
A menudo él mostraba una razón más poderosa que la suya. Una razón que tumbaba sus argumentos. Una fuerza más potente que cualquiera de sus lógicas. Un algo que demolía su voluntad.
III. No creo que algún día el mar pierda el sabor a sal
Ella sabía que el mar era grande y que su sabor no cambiaría. Era consciente de que habría suficiente agua salada para todas las lágrimas que quedaban por brotar.
IV. Y por eso (por todo eso) es tuyo…
Hizo el ejercicio de buscar por internet la cifra más actualizada de seres humanos que pueblan la Tierra. Más de 6000 millones. Y sólo uno entre 6000 millones conocía toda la verdad, o casi toda. Todos los recovecos y todos los ángulos inverosímiles pero ciertos. O casi todos. Toda su realidad, del derecho y del revés.
Uno entre 6000 millones. Ese pensamiento le dio vértigo. Y se sintió totalmente entregada, a expensas de él.
II. Sólo tú doblas mi razón
A menudo él mostraba una razón más poderosa que la suya. Una razón que tumbaba sus argumentos. Una fuerza más potente que cualquiera de sus lógicas. Un algo que demolía su voluntad.
III. No creo que algún día el mar pierda el sabor a sal
Ella sabía que el mar era grande y que su sabor no cambiaría. Era consciente de que habría suficiente agua salada para todas las lágrimas que quedaban por brotar.
IV. Y por eso (por todo eso) es tuyo…
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Historias de personas
lunes, 9 de julio de 2007
A veces, la soledad
Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude
Ma solitude
Georges Moustaki
Fuera caía fuego sobre Madrid.
Dentro, ella, rodeada como siempre de gente, agitaba con fuerza sus pestañas para evitar que el agua lograra humedecer sus pupilas. Movía sin descanso sus párpados al objeto de que el blanco de su mirada no enrojeciese.
Fuera el asfalto parecía derretirse.
Dentro, ella disimuladamente se sorbía los mocos. Las lágrimas rechazadas por sus ojos habían convertido en un río el interior de su nariz. El líquido salió rebotado hacia su interior. Y notó como la sal le quemaba las entrañas y le secaba el corazón.
Consiguió su objetivo y nadie percibió en ella nada fuera de lo normal.
Tras librarse de la marabunta que siempre la acosaba se refugió en su sillón, el lugar al que siempre acudía en busca de protección. Y ella, la que siempre hacía alarde de su independencia, de su enorme capacidad para capear la soledad, incluso para disfrutarla, se sintió desolada.
No era necesidad de compañía física, ni de entretenimiento de ningún tipo. Le atormentaba el hecho de no poder compartir su secreto, su problema con nadie. No poder contar con el consejo de ningún amigo. No poder acceder a una segunda opinión. No tener la posibilidad de aprender de una perspectiva diferente. "Coño, que sola estoy en esto".
Para eso no estaba preparada. Ella, siempre tan segura de sí misma, ahora estaba derrotada.
Entonces marcó en el móvil la combinación de números necesaria para que mi nombre apareciera en la pantalla, y un río de palabras mojadas se coló por mi auricular. En el otro lado de la línea que sólo existe en su imaginación.
Avec ma solitude
Ma solitude
Georges Moustaki
Fuera caía fuego sobre Madrid.
Dentro, ella, rodeada como siempre de gente, agitaba con fuerza sus pestañas para evitar que el agua lograra humedecer sus pupilas. Movía sin descanso sus párpados al objeto de que el blanco de su mirada no enrojeciese.
Fuera el asfalto parecía derretirse.
Dentro, ella disimuladamente se sorbía los mocos. Las lágrimas rechazadas por sus ojos habían convertido en un río el interior de su nariz. El líquido salió rebotado hacia su interior. Y notó como la sal le quemaba las entrañas y le secaba el corazón.
Consiguió su objetivo y nadie percibió en ella nada fuera de lo normal.
Tras librarse de la marabunta que siempre la acosaba se refugió en su sillón, el lugar al que siempre acudía en busca de protección. Y ella, la que siempre hacía alarde de su independencia, de su enorme capacidad para capear la soledad, incluso para disfrutarla, se sintió desolada.
No era necesidad de compañía física, ni de entretenimiento de ningún tipo. Le atormentaba el hecho de no poder compartir su secreto, su problema con nadie. No poder contar con el consejo de ningún amigo. No poder acceder a una segunda opinión. No tener la posibilidad de aprender de una perspectiva diferente. "Coño, que sola estoy en esto".
Para eso no estaba preparada. Ella, siempre tan segura de sí misma, ahora estaba derrotada.
Entonces marcó en el móvil la combinación de números necesaria para que mi nombre apareciera en la pantalla, y un río de palabras mojadas se coló por mi auricular. En el otro lado de la línea que sólo existe en su imaginación.
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viernes, 6 de julio de 2007
Limonazo
El otro día lo dijo Malena en la tele. Y yo lo anoté en mi cabecita y me llevé el mensaje a casa: "Si la vida te da limones, hazte una limonada"
A ratos pensamos que la vida es una (puta mierda de) selva, poblada de animales salvajes que quieren hacer daño. Un entorno en el que no te puedes fiar de nadie. Pero a veces te relajas, descansas y piensas que no será para tanto, que alguna excepción habrá. A base de hostias, el devenir de los hechos te devuelve a la realidad y el ciclo se repite. El organismo se vuelve a poner en alerta como mecanismo fundamental de supervivencia.
Así es. Ciclo tras ciclo. Etapa tras etapa.
Pero la vida sigue.
Y a mí me encanta la limonada.
A ratos pensamos que la vida es una (puta mierda de) selva, poblada de animales salvajes que quieren hacer daño. Un entorno en el que no te puedes fiar de nadie. Pero a veces te relajas, descansas y piensas que no será para tanto, que alguna excepción habrá. A base de hostias, el devenir de los hechos te devuelve a la realidad y el ciclo se repite. El organismo se vuelve a poner en alerta como mecanismo fundamental de supervivencia.
Así es. Ciclo tras ciclo. Etapa tras etapa.
Pero la vida sigue.
Y a mí me encanta la limonada.
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jueves, 5 de julio de 2007
Sigue lloviendo
Bajo un monumental aguacero artificial, sobre el escenario de las Ventas se oyeron esas palabras una y otra vez el pasado viernes.
Y es que no para de llover desde hace mucho tiempo.
Un telegrama que llega un viernes a las siete de la tarde.
Un documento lleno de palabras del argot jurídico que no hay dios que las entienda.
Una llamada diciendo "Hay novedades".
Emails, emails y más emails
El de los pelos largos insiste: "Sigue lloviendo, sigue lloviendo"
Y no para de llover.
Y es que no para de llover desde hace mucho tiempo.
Un telegrama que llega un viernes a las siete de la tarde.
Un documento lleno de palabras del argot jurídico que no hay dios que las entienda.
Una llamada diciendo "Hay novedades".
Emails, emails y más emails
El de los pelos largos insiste: "Sigue lloviendo, sigue lloviendo"
Y no para de llover.
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domingo, 24 de junio de 2007
El año escolar
Desde que éramos críos la unidad temporal relevante en nuestras vidas es el curso escolar. Al ritmo del paso que marcan las vacaciones de verano y los hitos intermedios de navidad y semana santa, los ciclos se repiten año tras año, evidenciando el avance del tiempo con mucha más fuerza que los periodos del calendario gregoriano.
Y aquí estamos otra vez. El curso acabando, un año más. Pensando en lo que hemos vivido desde el septiembre pasado. Anhelando las vacaciones que ya llegan. Deseando que no nos haya quedado ninguna asignatura pendiente, cruzando los dedos para que esos examencillos que todavía están por llegar vayan bien.
Yo me matriculé en un curso nuevo el año pasado, allá por junio, como el que recurre al acceso a la universidad para mayores de 25 años (bueno, sí, bastante más de 25, pero nunca es tarde cuando la dicha es buena). Era jodido porque la temática era totalmente nueva para mí, y compaginar el estudio con el resto de mis obligaciones y responsabilidades, mi mundo, era difícil.
Mirando atrás me da la impresión de que todo ha sido más fácil de lo que imaginaba. Creo que he podido asimilar las asignaturas bastante bien, pese a los altibajos, la falta de tiempo, de atención, de dedicación en suma. Además el aprendizaje ha valido la pena, porque aprender, he aprendido mucho.
Espero que me den el aprobado y poder pasar al curso que viene. Y así poder repetir el ciclo que marca la vida. El año escolar.
Y aquí estamos otra vez. El curso acabando, un año más. Pensando en lo que hemos vivido desde el septiembre pasado. Anhelando las vacaciones que ya llegan. Deseando que no nos haya quedado ninguna asignatura pendiente, cruzando los dedos para que esos examencillos que todavía están por llegar vayan bien.
Yo me matriculé en un curso nuevo el año pasado, allá por junio, como el que recurre al acceso a la universidad para mayores de 25 años (bueno, sí, bastante más de 25, pero nunca es tarde cuando la dicha es buena). Era jodido porque la temática era totalmente nueva para mí, y compaginar el estudio con el resto de mis obligaciones y responsabilidades, mi mundo, era difícil.
Mirando atrás me da la impresión de que todo ha sido más fácil de lo que imaginaba. Creo que he podido asimilar las asignaturas bastante bien, pese a los altibajos, la falta de tiempo, de atención, de dedicación en suma. Además el aprendizaje ha valido la pena, porque aprender, he aprendido mucho.
Espero que me den el aprobado y poder pasar al curso que viene. Y así poder repetir el ciclo que marca la vida. El año escolar.
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lunes, 11 de junio de 2007
Distancia y añoranza
Si tú no vuelves
se secarán todos los mares
Había escuchado una y mil veces aquellas palabras y las notas que las acompañaban. Estaba enganchado a ellas a pesar de que formaban parte de la balada más triste que jamás había escuchado. Que jamás se había escrito. Que jamás se había compuesto.
Y cada noche vendrá una estrella a hacerme compañía
que te cuente cómo estoy y sepas lo que hay
A miles de kilómetros de distancia el pareado cobraba vida de nuevo, y dolía más. Sabedor de la lejanía que les separaba, la añoranza le atenazó de tal manera que el agua brotó de sus ojos. Pensó en la conversación que hubieran tenido aquí, en el comentario que hubiera suscitado aquello que veían o en el chiste que hubiera inventado para hacerle reír. Cada noche, antes de dormir, como en la canción, se lo contaba en silencio.
Si no vuelves no habrá vida no sé lo que haré.
No sé lo que haré
Derrotado por el cansancio apagó su mirada. Se hizo resbalar por el cuero del asiento del avión hasta quedar en una posición cómoda. Alcanzó a tenerle en mente unos segundos. "Vuelve, por lo que más quieras".
se secarán todos los mares
Había escuchado una y mil veces aquellas palabras y las notas que las acompañaban. Estaba enganchado a ellas a pesar de que formaban parte de la balada más triste que jamás había escuchado. Que jamás se había escrito. Que jamás se había compuesto.
Y cada noche vendrá una estrella a hacerme compañía
que te cuente cómo estoy y sepas lo que hay
A miles de kilómetros de distancia el pareado cobraba vida de nuevo, y dolía más. Sabedor de la lejanía que les separaba, la añoranza le atenazó de tal manera que el agua brotó de sus ojos. Pensó en la conversación que hubieran tenido aquí, en el comentario que hubiera suscitado aquello que veían o en el chiste que hubiera inventado para hacerle reír. Cada noche, antes de dormir, como en la canción, se lo contaba en silencio.
Si no vuelves no habrá vida no sé lo que haré.
No sé lo que haré
Derrotado por el cansancio apagó su mirada. Se hizo resbalar por el cuero del asiento del avión hasta quedar en una posición cómoda. Alcanzó a tenerle en mente unos segundos. "Vuelve, por lo que más quieras".
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domingo, 10 de junio de 2007
Moscú
La catedral de San Basilio parece de juguete.
Las rubias caminan sobre tacones inverosímiles. Morenas que no parecen de este mundo (sostengo que provienen de experimentos de la antigua ingeniería genética soviética en pos de la perfección de la raza eslava) te zurran con un mero cruce de mirada.
Es difícil discernir si un tipo encorbatado es un joven ejecutivo, ambicioso y ávido por incorporarse al grupo de nuevos ricos de la ciudad o un esbirro de la mafia. Cuando gira de forma intempestiva, se dirige hacia un portal sospechoso y teclea una clave secreta para ganar acceso al inmueble las apuestas favorecen a la segunda opción.
La corruptela se extiende a las cajeras de los museos que, primero te convierten en estudiante y, a continuación, comparten generosamente contigo el ahorro que tal condición supone en el precio de la entrada.
El tráfico no motorizado se haya perjudicado de forma claramente alevosa. Los peatones deben decidir constantemente si sortear a pelo decenas de vehículos avanzando por los 10 carriles de cualquier calle en cuestión, caminar 400 metros para superar el asfalto por un paso subterráneo o bien caminar un poquito más (digamos 1000 metros) para alcanzar un semáforo en vías de extinción y poder pasar de los pares a los impares sin enterrarse en vida. Tal situación no impide que se haya pensado en los discapacitados: Para facilitar su acceso a los susodichos y abundantes pasos subterráneos se han habilitado unos raíles sobre los escalones para las sillas de ruedas, en una posición angular próxima a los 45 grados, con lo cual, además de facilitárseles la movilidad, se comprueba al mismo tiempo el temple de sus bíceps.
Comer se come bien, pero controlando el riesgo de ser sableado a razón de 40 euros el plato de pollo "a-la-Kiev".
La especulación inmobiliaria del Occidente es un juego de niños. En Madrid debemos alegrarnos porque todavía estamos lejos de tener que pagar casi 5000 euros al mes (el tercer cero no es una errata) por alquilar un piso de un dormitorio y 90 metros cuadrados.
A la ciudad de Moscú le falta un hervor.
**********************************************************
Así cayó la noche sobre San Basilio el 9 de junio de 2007

Las nubes de la primavera recortan la silueta de las decenas de cúpulas doradas de la ciudad
Las rubias caminan sobre tacones inverosímiles. Morenas que no parecen de este mundo (sostengo que provienen de experimentos de la antigua ingeniería genética soviética en pos de la perfección de la raza eslava) te zurran con un mero cruce de mirada.
Es difícil discernir si un tipo encorbatado es un joven ejecutivo, ambicioso y ávido por incorporarse al grupo de nuevos ricos de la ciudad o un esbirro de la mafia. Cuando gira de forma intempestiva, se dirige hacia un portal sospechoso y teclea una clave secreta para ganar acceso al inmueble las apuestas favorecen a la segunda opción.
La corruptela se extiende a las cajeras de los museos que, primero te convierten en estudiante y, a continuación, comparten generosamente contigo el ahorro que tal condición supone en el precio de la entrada.
El tráfico no motorizado se haya perjudicado de forma claramente alevosa. Los peatones deben decidir constantemente si sortear a pelo decenas de vehículos avanzando por los 10 carriles de cualquier calle en cuestión, caminar 400 metros para superar el asfalto por un paso subterráneo o bien caminar un poquito más (digamos 1000 metros) para alcanzar un semáforo en vías de extinción y poder pasar de los pares a los impares sin enterrarse en vida. Tal situación no impide que se haya pensado en los discapacitados: Para facilitar su acceso a los susodichos y abundantes pasos subterráneos se han habilitado unos raíles sobre los escalones para las sillas de ruedas, en una posición angular próxima a los 45 grados, con lo cual, además de facilitárseles la movilidad, se comprueba al mismo tiempo el temple de sus bíceps.
Comer se come bien, pero controlando el riesgo de ser sableado a razón de 40 euros el plato de pollo "a-la-Kiev".
La especulación inmobiliaria del Occidente es un juego de niños. En Madrid debemos alegrarnos porque todavía estamos lejos de tener que pagar casi 5000 euros al mes (el tercer cero no es una errata) por alquilar un piso de un dormitorio y 90 metros cuadrados.
A la ciudad de Moscú le falta un hervor.
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Así cayó la noche sobre San Basilio el 9 de junio de 2007

Las nubes de la primavera recortan la silueta de las decenas de cúpulas doradas de la ciudad
miércoles, 23 de mayo de 2007
Orden y concierto
He de admitirlo y lo admito: soy desordenado. No presto atención a la organización constante de las cosas en sus lugares correspondientes. Los objetos se acumulan sin orden aparente durante días. Los papeles se amontonan peligrosamente en los más insospechados lugares. Los correos electrónicos son archivados sin piedad en una carpeta creada para la ocasión: "A procesar".
Por el contrario, mi modus operandi es el del ataque de necesidad de reordenación momentáneo. Me da la vena a trompicones. Súbitamente y sin motivo aparente reorganizo el despacho de arriba abajo, elimino montañas de papeles, me cargo montones de bookmarks acumulados en mi navegador de internet, leo y gestiono cientos de emails, elimino los montones de archivos que inundan el escritorio de mi ordenador y limpio de cualquier objeto improcedente todas y cada una de las superficies horizontales de mi casa.
Pasar de golpe a la acción con el objeto de reestablecer el orden perdido es una actividad que me reconforta. Es como cuando puedes saborear la paz después de un periodo de guerra. Quizá ésta sea la razón por la que soy adicto a tal forma de actuar. Proporciona cierto placer y una mayor satisfacción.
La ausencia de orden y concierto en el mundo de lo material no es grave. Ni siquiera lo es cuando afecta al medio electrónico. Los problemas empiezan si la desorganización afecta a las ideas, a los pensamientos. Es entonces cuando comienza a ser necesario pasar de una gestión discreta, a base de golpes de efecto discontinuos, a la atención constante.
Por el contrario, mi modus operandi es el del ataque de necesidad de reordenación momentáneo. Me da la vena a trompicones. Súbitamente y sin motivo aparente reorganizo el despacho de arriba abajo, elimino montañas de papeles, me cargo montones de bookmarks acumulados en mi navegador de internet, leo y gestiono cientos de emails, elimino los montones de archivos que inundan el escritorio de mi ordenador y limpio de cualquier objeto improcedente todas y cada una de las superficies horizontales de mi casa.
Pasar de golpe a la acción con el objeto de reestablecer el orden perdido es una actividad que me reconforta. Es como cuando puedes saborear la paz después de un periodo de guerra. Quizá ésta sea la razón por la que soy adicto a tal forma de actuar. Proporciona cierto placer y una mayor satisfacción.
La ausencia de orden y concierto en el mundo de lo material no es grave. Ni siquiera lo es cuando afecta al medio electrónico. Los problemas empiezan si la desorganización afecta a las ideas, a los pensamientos. Es entonces cuando comienza a ser necesario pasar de una gestión discreta, a base de golpes de efecto discontinuos, a la atención constante.
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lunes, 14 de mayo de 2007
Confusión de conceptos
Pensándolo bien, y por mucho que insista la Academia de la Lengua llevando la contraria, realmente hay poca diferencia entre un hobby y (lo que se viene a denominar como) un vicio. Ambas actividades son aficiones de uno, aunque las primeras sean algo más confesables que las segundas. Pero es que incluso la frontera entre lo confesable y lo que conviene mantener oculto al conocimiento de los demás es difusa. Es por ello, y no por otra razón cualquiera, que ambas acepciones puedan llegar a confundirse, a convertirse en sinónimas: ni siquiera el grado de confesabilidad permite discernir entre uno y otro concepto.
De todas esas aficiones haylas pequeñas y grandes, frecuentes y esporádicas, puntuales o de larga duración, caras o baratas, solitarias o en grupo. Pero nunca dejan de ser lo que son: entretenimientos del ser humano, pasos adelante que le permiten hacer su instalación temporal en la vida más agradable y más placentera.
A tal efecto, al objeto de ser capaces de dirimir sobre la conveniencia de llevar a cabo tal o cual afición, sólo existe una frontera a considerar: la ley. O lo que es lo mismo: la interpretación de nuestros (queridos) representantes públicos de lo que significa no joder al prójimo (si es que al prójimo no le apetece, claro)
De todas esas aficiones haylas pequeñas y grandes, frecuentes y esporádicas, puntuales o de larga duración, caras o baratas, solitarias o en grupo. Pero nunca dejan de ser lo que son: entretenimientos del ser humano, pasos adelante que le permiten hacer su instalación temporal en la vida más agradable y más placentera.
A tal efecto, al objeto de ser capaces de dirimir sobre la conveniencia de llevar a cabo tal o cual afición, sólo existe una frontera a considerar: la ley. O lo que es lo mismo: la interpretación de nuestros (queridos) representantes públicos de lo que significa no joder al prójimo (si es que al prójimo no le apetece, claro)
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domingo, 13 de mayo de 2007
Por si un día ese libro se extravía
Acababa de ventilarse las primeras páginas del último lanzamiento de una de sus autoras favoritas, la historia de una pareja que descubre un pasado lleno de sucesos comunes entrelazados. "Es que cuando leo a ésta me corro de gusto", había llegado a decir a colación de la susodicha escritora.
Entonces alguien le recordó que no tenía un pasado común con quien ahora compartía la mayoría de su tiempo, como sucedía con los protagonistas de la novela. Que su fortuito encuentro se había producido ya entrada la edad adulta y que con anterioridad a ese momento no había habido ramas de vivencias entrelazadas. Ni vericuetos del camino que hicieran que las sendas se encontrasen. Tan sólo podían compartir el recuerdo de dos vías paralelas trufadas de experiencias, eso sí, muchas de ellas coincidentes (aunque salvando las distancias). Y eran esas coincidencias la base de la fuerza que inexplicablemente les unía, porque el destino había labrado sus caracteres a base de golpes similares, de heridas en los mismos lugares.
Sí, sus caminos se habían encontrado. Y por delante senda pero no destino. "¿Qué más da? Ya hemos podido comprobar que el camino puede dar tantas satisfacciones como alcanzar el final del trayecto", se consolaron.
Unos días más tarde acabó de pulirse las casi 1.000 páginas del tocho. Entonces pudo leer una escueta frase, escrita a mano, justo al ladito del FIN correspondiente.
"¿Te gusta conducir?"

Recodo del trayecto entre Brasov y Sighisoara, en el epicentro de Transilvania. Mayo de 2007
Entonces alguien le recordó que no tenía un pasado común con quien ahora compartía la mayoría de su tiempo, como sucedía con los protagonistas de la novela. Que su fortuito encuentro se había producido ya entrada la edad adulta y que con anterioridad a ese momento no había habido ramas de vivencias entrelazadas. Ni vericuetos del camino que hicieran que las sendas se encontrasen. Tan sólo podían compartir el recuerdo de dos vías paralelas trufadas de experiencias, eso sí, muchas de ellas coincidentes (aunque salvando las distancias). Y eran esas coincidencias la base de la fuerza que inexplicablemente les unía, porque el destino había labrado sus caracteres a base de golpes similares, de heridas en los mismos lugares.
Sí, sus caminos se habían encontrado. Y por delante senda pero no destino. "¿Qué más da? Ya hemos podido comprobar que el camino puede dar tantas satisfacciones como alcanzar el final del trayecto", se consolaron.
Unos días más tarde acabó de pulirse las casi 1.000 páginas del tocho. Entonces pudo leer una escueta frase, escrita a mano, justo al ladito del FIN correspondiente.
"¿Te gusta conducir?"
Recodo del trayecto entre Brasov y Sighisoara, en el epicentro de Transilvania. Mayo de 2007
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jueves, 10 de mayo de 2007
Reflexiones (aparentemente) anacrónicas
Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a un encuentro con Lech Walesa (ex Presidente de Polonia y Premio Nobel de la Paz) y Vaclav Havel (ex Presidente de la República Checa). Ambos fueron los líderes de sendos movimientos civiles que llevaron a cabo la revolución pacífica con la que se puso fin a los totalitarismos comunistas de sus respectivos países.
Los dos líderes repasaron las claves de esa transición que ha llevado a sus sociedades a niveles de bienestar y libertad impensables hace 20 años. Pero lo que me llamó la atención fueron sus menciones al rol que, desde su punto de vista, han jugado los Estados Unidos en la historia mundial del siglo pasado. Llamaban la atención esos comentarios por producirse en un momento de gran (y posiblemente merecido gracias al liderazgo que actualmente sufren, los pobres) descrédito y demonización de los Estados Unidos de América. Fueron unas observaciones que apelaban a la ampliación de la perspectiva histórica que es preciso tener. Las mencionadas reflexiones se verbalizaron aproximadamente de la siguiente forma y manera:
•"Europa generó dos grandes guerras mundiales. Y fueron los Estados Unidos los que, al final, permitieron alcanzar una salida (relativamente airosa, con la derrota de los totalitarismos causantes de las mismas) a esos conflictos"
•"Debemos a los Estados Unidos una gran parte de la transición de los países de antiguo régimen soviético a la democracia, por la presión implacable que ejerció durante años sobre la Unión Soviética. Cuanto menos, dicha presión sirvió para acelerar los acontecimientos"
Los dos líderes repasaron las claves de esa transición que ha llevado a sus sociedades a niveles de bienestar y libertad impensables hace 20 años. Pero lo que me llamó la atención fueron sus menciones al rol que, desde su punto de vista, han jugado los Estados Unidos en la historia mundial del siglo pasado. Llamaban la atención esos comentarios por producirse en un momento de gran (y posiblemente merecido gracias al liderazgo que actualmente sufren, los pobres) descrédito y demonización de los Estados Unidos de América. Fueron unas observaciones que apelaban a la ampliación de la perspectiva histórica que es preciso tener. Las mencionadas reflexiones se verbalizaron aproximadamente de la siguiente forma y manera:
•"Europa generó dos grandes guerras mundiales. Y fueron los Estados Unidos los que, al final, permitieron alcanzar una salida (relativamente airosa, con la derrota de los totalitarismos causantes de las mismas) a esos conflictos"
•"Debemos a los Estados Unidos una gran parte de la transición de los países de antiguo régimen soviético a la democracia, por la presión implacable que ejerció durante años sobre la Unión Soviética. Cuanto menos, dicha presión sirvió para acelerar los acontecimientos"
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Ventilando pensamientos
Praga en mi interior
Un recuerdo de los días de 1988 transcurridos en Praga quedó nítidamente cincelado en mi memoria. Lo conforman hileras de edificios, de fachadas desconchadas y grises, oscurecidas por el tiempo y la contaminación. Un aire roto, una atmósfera vacía y una dejadez que lo inunda todo.
Hoy veo esas fachadas repintadas hasta el más mínimo detalle. Un adoquinado lustroso de parque temático. Unas torres deliberadamente oscuras para recordarnos lo que este lugar fue hace no mucho tiempo. Y un aire limpio que recorta las siluetas de los campanarios sobre esas nubes que siempre están ahí.
Han pasado casi 20 años, casi como un soplo. Pero la transformación del alma de esta ciudad parece una metamorfosis de cinco generaciones. No queda nostalgia. Ha sido sustituida por una belleza brillantísima y sin paliativos. Una belleza de producto artificial que apabulla sin piedad a los que la contemplan.
Hoy me miro en el espejo y hago el esfuerzo de compararme con la imagen que la plata me devolvía la última vez que estuve aquí, en un ejercicio de competición con la metamorfosis de esta ciudad. Veo algunas marcas del tiempo rasgando la imagen de mí que veo reflejada. Pero también puedo contemplar las cicatrices del alma e, incluso, algunas heridas que siguen abiertas. Boquetes que duelen.
Pienso en la mano de pintura que necesita lo que hay dentro de mí, en algo o alguien que lustre lo que va quedando, como el pintor de las paredes de Praga.
O quizá sea mejor conformarse en la contemplación de la belleza rancia, gris y melancólica del pasado. La belleza que lo es precisamente por no estar restaurada, por ser más auténtica.
Es el Praga de 1988 que todavía está en mi interior.
Hoy veo esas fachadas repintadas hasta el más mínimo detalle. Un adoquinado lustroso de parque temático. Unas torres deliberadamente oscuras para recordarnos lo que este lugar fue hace no mucho tiempo. Y un aire limpio que recorta las siluetas de los campanarios sobre esas nubes que siempre están ahí.
Han pasado casi 20 años, casi como un soplo. Pero la transformación del alma de esta ciudad parece una metamorfosis de cinco generaciones. No queda nostalgia. Ha sido sustituida por una belleza brillantísima y sin paliativos. Una belleza de producto artificial que apabulla sin piedad a los que la contemplan.
Hoy me miro en el espejo y hago el esfuerzo de compararme con la imagen que la plata me devolvía la última vez que estuve aquí, en un ejercicio de competición con la metamorfosis de esta ciudad. Veo algunas marcas del tiempo rasgando la imagen de mí que veo reflejada. Pero también puedo contemplar las cicatrices del alma e, incluso, algunas heridas que siguen abiertas. Boquetes que duelen.
Pienso en la mano de pintura que necesita lo que hay dentro de mí, en algo o alguien que lustre lo que va quedando, como el pintor de las paredes de Praga.
O quizá sea mejor conformarse en la contemplación de la belleza rancia, gris y melancólica del pasado. La belleza que lo es precisamente por no estar restaurada, por ser más auténtica.
Es el Praga de 1988 que todavía está en mi interior.
domingo, 22 de abril de 2007
La teoría de la relatividad
La teoría de la relatividad (no la de Einstein, sino otra) es útil para sobrevivir. Un post de Óscar me ha hecho reflexionar sobre esta cuestión fundamental. Él ha observado a un asiático en el metro estudiando el código de circulación y le ha hecho pensar: "Bueno, en realidad, no tengo tanto de qué quejarme, no estoy tan mal" y "Si él puede con el código, yo puedo con el lenguaje de programación".
Una frase hecha nos recuerda que las comparaciones son odiosas. Pero se trata simplemente de eso, de una frase hecha, de una afirmación hipócrita. La realidad y muchas de las decisiones que tomamos en el día a día se basan en alinear nuestras observaciones y evaluar las diferencias. Tener puntos de referencia es algo central en nuestras vidas. Las referencias nos hacen comparar. Y la comparación, a menudo, se convierte en un flotador que nos salva cuando el agua nos llega a la nariz. Al final todo (o casi todo) es relativo.
En el mundo de la empresa, a la comparación a veces se le llama benchmarking. Se compara el resultado de diferentes vendedores, organizaciones, regiones, ejecutivos, filiales. De la comparación surge la competencia. Y la competencia genera eficiencia. Esa competencia sobre la que se sostiene el único sistema económico que, aunque imperfecto, ha demostrado funcionar sin llevar los mercados y la riqueza de las sociedades al colapso. La comparación es una herramienta que permite observar donde hay margen para la mejora.
No estoy negando que haya, y sean necesarios, puntos de partida con valores absolutos. Simplemente reivindico el paso posterior, inmediato a su existencia: la labor de usar la balanza para determinar nuestros comportamientos y ayudar a encaminar nuestras decisiones hacia el lugar correcto (o hacia el menos equivocado).
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Empresa y sentimiento
martes, 17 de abril de 2007
Una oportunidad
Alondra tiene nombre de telenovela. Tiene doce años, es gitana y sorda. Sólo acude al colegio un 20% de los días. Todavía no sabe leer ni escribir. Pero hay alguien que, a contracorriente y cuando se tercia porque a Alondra le da por aterrizar en el colegio, la saca de clase para meterle en la cocorota esas malditas vocales que no acaba de identificar. "Qué pesao. Otra ve las letras".
Christian sufre un retraso mental leve pero sus padres no lo quieren ver. A sus diez años, como consecuencia de su microcefalia, no es capaz de asociar las cosas a sus nombres. Ve las imágenes. Conoce las palabras. Pero no es capaz de relacionar unas con otras. Hoy ha costado un buen rato que llamase uvas al dibujo del racimo que alguien le enseñó. Pero, como se ha portado bien, "repasarán" los animales. Christian da un salto de alegría y aplaude con fuerza. La primera de las imágenes es un bicho con plumas de mirada fija y penetrante. "¡Buho!". Los animales se los sabe todos. Hoy la sonrisa no se la quita nadie hasta el final de la clase.
Puede ser que en casa de Alondra nunca vaya a haber nadie que la obligue a ir al colegio y, por eso, es probable que jamás vuele sola. Quizá la ceguera de los padres de Christian se alíe con la microcefalia que sufre y haga imposible que algún día se valga por sí mismo.
Pero hay alguien que cada mañana se va al extrarradio de Madrid y se desgañita para que estos niños puedan tener una oportunidad.
Christian sufre un retraso mental leve pero sus padres no lo quieren ver. A sus diez años, como consecuencia de su microcefalia, no es capaz de asociar las cosas a sus nombres. Ve las imágenes. Conoce las palabras. Pero no es capaz de relacionar unas con otras. Hoy ha costado un buen rato que llamase uvas al dibujo del racimo que alguien le enseñó. Pero, como se ha portado bien, "repasarán" los animales. Christian da un salto de alegría y aplaude con fuerza. La primera de las imágenes es un bicho con plumas de mirada fija y penetrante. "¡Buho!". Los animales se los sabe todos. Hoy la sonrisa no se la quita nadie hasta el final de la clase.
Puede ser que en casa de Alondra nunca vaya a haber nadie que la obligue a ir al colegio y, por eso, es probable que jamás vuele sola. Quizá la ceguera de los padres de Christian se alíe con la microcefalia que sufre y haga imposible que algún día se valga por sí mismo.
Pero hay alguien que cada mañana se va al extrarradio de Madrid y se desgañita para que estos niños puedan tener una oportunidad.
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Historias de personas
Lo que hay que hacer si vas a Moher
Moher es el nombre que recibe un paraje al oeste de Irlanda famoso en el país porque justo en ese lugar 4 inmensas paredes de piedra se desploman sobre el océano Atlántico.
Hace unos años a alguien se le ocurrió una genial idea. Políticos locales y capitalinos y arquitectos de pro decidieron, con el apoyo de los siempre utilísimos fondos de la Unión Europea, construir sobre los prados que coronan los acantilados un macro centro de acogida para turistas. Una especie de mini parque temático dedicado al acantilado. Y urbanizaron la zona construyendo un amplio camino de piedra para pasear a más de 5 metros del precipicio. Se llevaron consigo la magia del lugar.
*******************
Es ya tarde. Va quedando poca gente. En cierto lugar descubrimos una enorme plataforma de piedra, prácticamente plana por la erosión, que se asoma valientemente sobre los más de doscientos metros que la separan del agua. Saltamos el muro de piedra que separa el camino empedrado del abismo y alcanzamos el borde de la plataforma. Nos sentamos descolgando las piernas en el vacío y contemplamos la pequeña bola amarilla que en ese momento se encamina hacia su chapuzón diario. Y tenemos lo que veníamos a buscar: la luz del atardecer recortando los acantilados ante nuestra mirada. La sensación del viento sobre nuestras caras. El sonido del agua golpeando salvajemente la roca. Y por fin, vivimos el vértigo de la altura, la experiencia mágica de Moher.
A veces, lo que hay que hacer es pasarse las normas por el forro. En Moher hay que saltar la valla.
Hace unos años a alguien se le ocurrió una genial idea. Políticos locales y capitalinos y arquitectos de pro decidieron, con el apoyo de los siempre utilísimos fondos de la Unión Europea, construir sobre los prados que coronan los acantilados un macro centro de acogida para turistas. Una especie de mini parque temático dedicado al acantilado. Y urbanizaron la zona construyendo un amplio camino de piedra para pasear a más de 5 metros del precipicio. Se llevaron consigo la magia del lugar.
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Es ya tarde. Va quedando poca gente. En cierto lugar descubrimos una enorme plataforma de piedra, prácticamente plana por la erosión, que se asoma valientemente sobre los más de doscientos metros que la separan del agua. Saltamos el muro de piedra que separa el camino empedrado del abismo y alcanzamos el borde de la plataforma. Nos sentamos descolgando las piernas en el vacío y contemplamos la pequeña bola amarilla que en ese momento se encamina hacia su chapuzón diario. Y tenemos lo que veníamos a buscar: la luz del atardecer recortando los acantilados ante nuestra mirada. La sensación del viento sobre nuestras caras. El sonido del agua golpeando salvajemente la roca. Y por fin, vivimos el vértigo de la altura, la experiencia mágica de Moher.
A veces, lo que hay que hacer es pasarse las normas por el forro. En Moher hay que saltar la valla.
miércoles, 28 de marzo de 2007
Ocurrió en la presentación de un libro
Las páginas de la recientísima edición española de un libro de gestión empresarial escrito por un socio mío de la ciudad de Chicago son reveladoras de una tesis cuanto menos interesante. Su título, loable conato de esfuerzo comercial: "Treasure Hunt" ("A la caza del tesoro" en su versión española)
Sostiene el autor que el patrón de consumo del futuro se está polarizando (y sofisticando): los compradores de hoy deciden que hay unas categorías que les importan menos y otras que son más relevantes para ellos, que les aportan más valor (en todas sus vertientes: funcional, psicológica, social, etc). Cuando adquieren productos relacionados con el primer tipo de categorías, tratan de reducir su gasto, buscar la ganga, encontrar el producto chollo, con atributos mínimos que satisfagan la necesidad funcional básica que deben cubrir. A la hora de buscar productos pertenecientes a la segunda categoría, los nuevos consumidores se desmelenan y dedican los ahorros que provienen de "ganguear" a la adquisición de productos de elevada calidad, de diseño a la última o de la marca que esté más de moda.
Al primero de los fenómenos, el autor lo llama "trade-down" (reducir las expectativas y el nivel de los bienes o servicios adquiridos). Al segundo se le denomina "trade-up", el nuevo lujo. El lujo al que están accediendo capas sociales de consumidores que hace años ningún fabricante de este tipo de productos se hubiera molestado siquiera en analizar.
Esta tendencia influye a sobremanera en la estrategia que deben seguir (o ya están siguiendo) muchas empresas: deben adaptar su catálogo de productos hacia la gama alta y hacia la gama baja. Quedarse en medio puede suponer el fin.
En un momento dado, el autor de las páginas a las que me estoy refiriendo pasó por Madrid a revelarnos los secretos y las historias que esconden sus ideas.
Y fue entonces cuando le vi: alguien escuchaba especialmente atento a las explicaciones del autor. A cómo iba desgranando sus argumentos, a cómo iba desplegando los análisis que justificaban sus tesis. Sus ojos estaban anormalmente abiertos. Su mirada fija y su boca entreabierta delataban que se hallaba en un trance casi de concentración infinita. En su cerebro se amontonaban las imágenes de decenas de situaciones en las que se había rebajado como persona, en la que se había humillado realizando un ejercicio de "trade-down" salvaje de sus sentimientos. Había puesto en venta su cuerpo y su alma al mejor postor y les había fijado un precio de partida irrisorio incluso en comparación con las más agresivas empresas low cost de transporte aéreo. La soledad le asustaba. El no ser valorado y reconocido le aterraba. Y la reacción tuvo un impacto demoledor en su autoestima y en su cotización, que ahora se hallaba por los suelos. Lo peor de todo es que ahora se daba cuenta de que en el mercado en el que se comerciaba con su persona, su "trade down" personal sólo servía para que aquellos que estaban interesados en su producto ahorraran fuerzas para poder desplegar su verdadera capacidad ante el lado opuesto de la gama: los que se vendían como objetos de lujo. Y entonces se sintió saldo. Se sintió un mero trámite humano para que el engranaje del comercio de los sentimientos funcionase correctamente. A expensas suyas.
Ese día su vida cambio: ya sabía cuál era su lugar en el cosmos de su mercado.
Sostiene el autor que el patrón de consumo del futuro se está polarizando (y sofisticando): los compradores de hoy deciden que hay unas categorías que les importan menos y otras que son más relevantes para ellos, que les aportan más valor (en todas sus vertientes: funcional, psicológica, social, etc). Cuando adquieren productos relacionados con el primer tipo de categorías, tratan de reducir su gasto, buscar la ganga, encontrar el producto chollo, con atributos mínimos que satisfagan la necesidad funcional básica que deben cubrir. A la hora de buscar productos pertenecientes a la segunda categoría, los nuevos consumidores se desmelenan y dedican los ahorros que provienen de "ganguear" a la adquisición de productos de elevada calidad, de diseño a la última o de la marca que esté más de moda.
Al primero de los fenómenos, el autor lo llama "trade-down" (reducir las expectativas y el nivel de los bienes o servicios adquiridos). Al segundo se le denomina "trade-up", el nuevo lujo. El lujo al que están accediendo capas sociales de consumidores que hace años ningún fabricante de este tipo de productos se hubiera molestado siquiera en analizar.
Esta tendencia influye a sobremanera en la estrategia que deben seguir (o ya están siguiendo) muchas empresas: deben adaptar su catálogo de productos hacia la gama alta y hacia la gama baja. Quedarse en medio puede suponer el fin.
En un momento dado, el autor de las páginas a las que me estoy refiriendo pasó por Madrid a revelarnos los secretos y las historias que esconden sus ideas.
Y fue entonces cuando le vi: alguien escuchaba especialmente atento a las explicaciones del autor. A cómo iba desgranando sus argumentos, a cómo iba desplegando los análisis que justificaban sus tesis. Sus ojos estaban anormalmente abiertos. Su mirada fija y su boca entreabierta delataban que se hallaba en un trance casi de concentración infinita. En su cerebro se amontonaban las imágenes de decenas de situaciones en las que se había rebajado como persona, en la que se había humillado realizando un ejercicio de "trade-down" salvaje de sus sentimientos. Había puesto en venta su cuerpo y su alma al mejor postor y les había fijado un precio de partida irrisorio incluso en comparación con las más agresivas empresas low cost de transporte aéreo. La soledad le asustaba. El no ser valorado y reconocido le aterraba. Y la reacción tuvo un impacto demoledor en su autoestima y en su cotización, que ahora se hallaba por los suelos. Lo peor de todo es que ahora se daba cuenta de que en el mercado en el que se comerciaba con su persona, su "trade down" personal sólo servía para que aquellos que estaban interesados en su producto ahorraran fuerzas para poder desplegar su verdadera capacidad ante el lado opuesto de la gama: los que se vendían como objetos de lujo. Y entonces se sintió saldo. Se sintió un mero trámite humano para que el engranaje del comercio de los sentimientos funcionase correctamente. A expensas suyas.
Ese día su vida cambio: ya sabía cuál era su lugar en el cosmos de su mercado.
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