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viernes, 21 de marzo de 2008

Identidad

Esta mañana decidí tomarme un café en uno de los Starbucks de Lincoln Road en Miami Beach. El proceso se repite, es igual que en Madrid: después de hacer tu pedido te piden el nombre para anotarlo en el vaso y entregarte el producto. "Joaquín" he dicho, tratando de pronunciar bien y despacio ya que sé que mi nombre no vuela bien en el entorno anglosajón.

Esto es lo que el empleado de la cafetería ha escrito.


De golpe me han transformado en otra persona. Me han dado una nueva careta. Una más. "Tú, que preferiste maquillar tu identidad".

domingo, 24 de febrero de 2008

Cosas que suceden

He dedicado dos de las once horas de vuelo entre Londres y Los Ángeles de este fin de semana a ver Expiación.

En la película dos pequeños detalles, dos situaciones aparentemente carentes de la menor trascendencia hacen que la vida de los personajes sufra una transformación radical. Un jarrón se rompe y uno de los pedazos cae en la fuente obligando a la protagonista a sumergirse en su búsqueda. El protagonista masculino, por su parte, se despista y hace entregar a la mujer que ama la versión equivocada de una carta.

Situaciones aparentemente sin importancia, pequeñas casualidades, decisiones banales que, finalmente, hacen que la vida cambie. Todos hemos tenido alguna vez que sumergirnos a por un trozo de jarrón roto o hemos errado al hacer llegar a alguien un texto.

Un día leí un mensaje que no iba dirigido a mí en un móvil que era idéntico al mío y en cinco segundos cambió mi futuro. Salvé mi vida.

Una mañana mi despiste selectivo por una vez, y sin que sirva de precedente, jugó a mi favor y recuperé un trozo de papel de la jungla del fondo de mi maletín, una nota en la que alguien había escrito un número de teléfono. Encontré el momento para poder marcarlo y conocí a una de las personas más increíbles que he tenido la suerte de encontrarme. Mi vida volvió a cambiar.

Expuestos al conjuro de las casualidades encadenadas, al devastador efecto de algún mínimo evento que suceda a nuestro alrededor, esperamos plácidamente a la siguiente fuente en la que tendremos que mojarnos. ¿Qué será lo siguiente en acontecer?

miércoles, 13 de febrero de 2008

Juno

Ayer (bueno anteayer al acabar de escribir esto) fui a ver una de las películas candidatas sorpresa a varios Oscar, la "Pequeña Miss Sunshine" de 2008, una comedia titulada Juno.

Aparte de un inglés infernal, esta peli exhibe otra característica particular. Por la noche, ya de vuelta en casa, tras el SMS de rigor a mi prima Macu recomendándole que fuera a verla, repasé la historia que nos habían contado. Y me di cuenta de algo que antes me había pasado desapercibido: prácticamente no hay ni una sola escena en toda la película en la que no aparezca Juno, la adolescente de 16 años que la protagoniza. Juno pertenece a esa clase de personajes de cine que no son protagonistas sino superprotagonistas. Juno es una cría mucho más madura de lo normal para una niña de su edad. Juno controla bien la situación, incluso en los momentos difíciles. Juno lo invade todo. Juno es resuelta y camina con decisión. Juno conquista todas las escenas de la película. Juno es la superprotagonista de su propia vida.

Pero Juno tiene sólo 16 y pone en evidencia a la mayoría de los espectadores que van al cine a verla.

viernes, 11 de enero de 2008

Sobre la suerte y sobre Mari Puri

Estas navidades recibí en el despacho un regalo curioso. Una vistosa caja roja que escondía en su interior un simple dado. Dentro del paquete había también una nota. “Tú sabes como nosotros que, a menudo, no es suficiente con tener suerte”, decía entre otras cosas.

Empecé a jugar con el dado. Sólo salía el 6.

Lo siguiente que hice fue regalar el dado a los niños. Se lo di una tarde en la que merendábamos en el VIPS y me dispuse a ver su reacción. Por turnos empezaron a lanzarlo observando con curiosidad el efecto mágico de aquél simple dado. Un 6, otro 6. 6 todo el rato.

No tardó ni cinco minutos en ocurrir. A partir de ese momento, la diversión era otra. El juego consistía en ver quién era capaz de tirar el dado de forma y manera que se lograse vencer al trucaje y sacar un número distinto al 6. Cada vez que aparecía un 5 o un 4 se desataba la algarabía y nos convertíamos en el centro de atención de la sala.

En ese momento, yo pensé en la naturaleza del ser humano. Incluso cuando parece que tenemos suerte, que todo nos va bien, por unas razones o por otras, buscamos un cambio. Parece que tengamos la tendencia natural a provocar que las cosas se tuerzan.

Al hilo de esta reflexión no puedo evitar copiar aquí un texto que cuando lo leí me pareció magistral. Es un post de Paloma en su blog Insectopía. Me parece una disquisición brillante sobre un comportamiento habitual del género humano (y no sólo, Paloma, de los que no “están sanos mentalmente”). Su lectura merece la pena.

Dice así:

"Mejor

Cuando todo va bien, la gente normal, y con “normal” me refiero a sana mentalmente, disfruta de ello. Se regocijan en sus fantásticas vidas, y lo muestran sin ton ni son. Los que no somos sanos mentalmente podemos desarrollar varias facetas distintas:

1- No me doy cuenta de lo maravillosa que es mi vida porque lo único en lo que suelo reparar es en los aspectos negativos. Ahora que tengo un buen trabajo, que tengo una pareja con la que hago algo más que vivir una relación de dependencia emocional basada en el maltrato psicológico, que disfruto de unos amigos para los que soy importante, que llego bien a fin de mes, que en mi familia no hay ninguna enfermedad grave y que todavía no me he enterado de ninguna subida del ipc, ahora, no pienso en todos esos aspectos porque supondría asumir que estoy bien, que soy feliz.

2- Ahora estoy bien, pero seguro que no durará mucho. Tarde o temprano todo volverá a ser como antes. Y no es una cuestión de azar. Es cosa mía, porque habitualmente la cago. Pronto se me acabará este contrato de obra y servicio que tengo o me echarán del trabajo porque con esta memoria de la que hago gala se me olvidará algo muy importante. Tan importante como el nombre de mi pareja y algún día en la cama gritaré un nombre que no es el suyo y eso supondrá un antes y un después, sobre todo cuando me presente a su familia, y descubran que soy una mamarracha y le den un ultimátum acerca de lo nuestro. O llegará el día en que un amigo me necesite para algo muy importante y no esté ahí porque estaré trabajando explotada en un burger king, que es el único empleo que encontraré después de que me echarán por olvidarme de algo que ni siquiera ha tenido lugar.

3- No me lo merezco. Este estallido de felicidad que me rodea debería tener otra destinataria. No soy quien para que los astros se hayan conjurado tan a mi favor. Mi amiga Mari Puri se lo merece más que yo, porque lleva años intentando tener una vida feliz y normal y no lo consigue. Mari Puri, estoy contigo. Mari Puri, te cedo mi felicidad porque en realidad envidio tu amargura. La vida es muy aburrida cuando uno no tiene de qué quejarse. Mari Puri, ¿qué haces levantando esa sartén hacia mi cabeza? Y vuelta al caso 2.

4- Derivado del caso 3. Todo va tan bien que me aburro. Soy gilipollas. Cualquiera daría saltos de alegría y tiraría confeti por el balcón. Pero yo no. Yo me siento en el sofá a pensar qué va mal o qué podría ir peor en un breve espacio de tiempo, y esa es mi única diversión, con lo cual, me aburro. No tengo que luchar por ser feliz, porque lo soy, así que enarbolo la bandera del “contra Franco vivíamos mejor” y pienso para mí “contra la depresión y la ansiedad vivía mejor”. Oops, lo he dicho en voz alta, y Mari Puri lo ha oído. Tengo que dejar de escribir ya que me persigue con un martillo.

5- ¡Oh dios mío, podría ir mejor! Todo puede ir a mejor, podría ganar más dinero, tener más tiempo de ocio, la libertad creativa que tanto ansío. Podría disfrutar más de los míos. Todo esto me consume de tal forma que no aguanto más tumbada en esta cama del hospital. Gracias Mari Puri por partirme las dos piernas. Sin saberlo, me has dado un motivo para ser de nuevo infeliz."



Y es que todos queremos tener en un momento dado a una Mari Puri en nuestra vida

domingo, 30 de diciembre de 2007

La previsión del tiempo (de ayer)

Una de las indudables atracciones cuando visitas una capital de provincia (cosa que a mí me sucede mucho al haber nacido en una de ellas) lo constituye el placer de poder repasar la prensa local. El periodismo de provincias no tiene nada que ver con lo que estamos acostumbrados cuando leemos El País o El Mundo. Y no hablo sólo del contenido de las noticias (obviamente enfocado en los temas de ámbito local). Es también el estilo, la forma de comunicar.

Hoy me he regocijado con la página de metereología, buscando como alma en pena alguna buena nueva con respecto a la densa niebla que estos días nos azota.

He leído primero la previsión para hoy (mi gozo en un pozo: este humo blanco no se va). Agónico, he bajado al pie de la página a buscar una esperanza en la previsión para los siguientes días. Pero la sección la encabeza un título inesperado: “El tiempo de ayer”.

¿Habrá alguna clave en la climatología de ayer que nos permita descifrar los secretos del tiempo la semana que viene?

El ayer sólo merece la pena si nos es útil para el hoy o para el mañana. Los malos recuerdos que no sean lecciones para gestionar mejor el presente van a la papelera. Los buenos, se filtran de forma adecuada y se muestran en la pantalla cuando queremos alegrarnos. Y punto.

Son las ventajas de la memoria selectiva.

martes, 18 de diciembre de 2007

Órganos vitales

El ser humano del género masculino presenta una amplia batería de recursos que nos facilitan el raciocinio, que nos permiten dilucidar qué hacer y cómo reaccionar ante las más variadas situaciones y que hacen posible que tomemos decisiones.

Se trata de un conjunto de órganos de los que disponemos, a saber: el cerebro (popularmente llamado coco: interviene en momentos en los que la lógica y el análisis deben imperar), el estómago (nos permite tomar decisiones guiados por la intuición), el corazón (para solventar esas dudillas en las que el sentimiento es lo primero) y –con perdón- el pito (guía indiscutible en muchos otros momentos de nuestras vidas)

Normalmente estos órganos tienden a formar un conjunto armónico, en el que se complementan entre ellos y se turnan en su protagonismo según sea la decisión a tomar. Que el asunto es de negocios pero no hay información fiable, pues nada, el estómago saca pecho y decides por intuición. Que resulta que estás completamente enamorado, pues qué se le va a hacer: apuestas por la relación y compras ese anillazo a pesar de que los números de la cuenta corriente que maneja tu cerebro te indiquen que el descubierto está cerca. Y así todos los días.

El problema surge cuando te enfrentas a una situación en la que dos de los órganos no se ponen de acuerdo sobre quién es el encargado de tomar la decisión. Ahí la hemos jodido, sí señor. Y la probabilidad de cagarla se dispara.

Pero es lo que hay. Hay que jugársela.

Es la salsa de la vida.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Planteamientos inverosímiles

Un amigo mío utiliza un recurso inusual para animar conversaciones y, supuestamente, también para azuzar el intelecto: plantea circunstancias imposibles y pregunta a los contertulios qué sucedería si sucediese tal situación. Busca siempre escuchar segundas y terceras derivadas como reacción a sus preguntas y critica las obviedades de primer nivel. La verdad es que el ejercicio es, en ocasiones, bastante estimulante.

Le he oido realizar preguntas como: ¿qué sucedería si desapareciese el dolor? o ¿qué consecuencias traería la invención, económicamente viable, de una máquina de tele transporte?

Hay que decir que la parroquia suele decantarse, después de un buen rato de animada discusión, por escenarios resultantes bastante apocalípticos, lo cual dice mucho de nuestro espíritu a menudo injustificadamente pesimista.

Hoy yo me estaba planteando una de estas preguntas.

¿Qué sucedería si, de repente, la raza humana quedara dotada de un mecanismo por el cuál, ineludiblemente, una alarma visible a todo el entorno sonara cada vez que uno no dice la verdad? ¿A dónde iríamos a parar si naciesemos con un infalible polígrafo de serie instalado en nuestra expresión?

Probablemente los odios resultantes a la exposición en público de la verdad que se esconde tras la mentira acabarían provocando una debacle. Caerían gobernantes, muchas religiones quedarían en entredicho, cúpulas enteras de empresas y organizaciones serían destronadas. Los engañados provocarían revoluciones. Los contertulios tradicionalmente pesimistas concluirían sin dudar: hecatombe nuclear.

Otros seríamos más optimistas. Hasta el momento en que la bomba de hidrógeno nos desintegrase, viviríamos más tranquilos.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Omisión de Ernesto Zedillo en Miami

Hace una semana asistí en Miami a un encuentro con Ernesto Zedillo, ex presidente de México (para situarnos, el predecesor de Vicente Fox).

La charla iba sobre Látinoamérica y en ella el ex presidente (que no presidente como insistentemente se refirieron a él muchos de los presentes) hizo un diagnóstico del por qué del retraso estructural de América Latina como región emergente frente a las veloces economías de Asia.

Su discurso se centró en una razón fundamental: la debilidad de la imposisición de la Ley (Zedillo utilizó la expresión en inglés "Rule of Law), algo que provoca, entre otros efectos, corrupción (en muchos casos impune) e inseguridad jurídica, factores explicativos ambos del progreso mucho más lento de la región comparado con el de otros "competidores emergentes".

Sin dejar de estar de acuerdo con este razonamiento, creo que es muy parcial y poco exhaustivo. Sin ir más lejos creo que Zedillo omitió un área fundamental, que explica gran parte del por qué América Latina renquea y China, India (o anteriormente países como Corea del Sur) despuntan. Ése área fundamental es la educación, la tantas veces olvidada por su escaso rédito político en el corto plazo y que, sin embargo, es uno de los pilares fundamentales del progreso de una sociedad.

Decepcionante. Zedillo gobernó durante 6 años a más de 100 millones de personas.

martes, 20 de noviembre de 2007

Dios o Fuerza Mayor

Estamos más o menos acostumbrados a las referencias religiosas en los discursos políticos de los líderes en los Estados Unidos. Es habitual oir a un Presidente decir que va a rezar por las víctimas de tal tragedia o que como pueblo cuentan con la ayuda de Dios para afrontar tal o cual reto. Desde la perspectiva europea dicho comportamiento nos choca un poco.

La última vuelta de tuerca sobre esta cuestión a la que he tenido acceso tiene forma de texto escrito.

En un documento legal relacionado con una transacción inmobiliaria en los Estados Unidos en la que estoy actualmente involucrado lei estupefacto el párrafo que muestro en la imagen. En definitiva, uno puede eludir responsabilidades no por razones de fuerza mayor (como sería el caso en nuestro entorno jurídico) sino aduciendo la actuación de Dios. Según este documento es Dios quien provoca los huracanes en Florida. Y, por tanto, es Dios el responsable de que determinados aspectos del contrato no se puedan cumplir.

Florida es un estado de la nación más poderosa del mundo actualmente.

Choca. Pero da un poco de pánico también.

miércoles, 10 de octubre de 2007

El murete de Aarhus


Hace unos días, en un callejón de Aarhus en Dinamarca, me llamó la atención esta forma de separar los espacios. Un diseño original para construir un murete. Un montón de piedras que parecen flotar en el aire, que parecen libres, pero que no lo son. Y pensé en todas las restricciones a nuestro alrededor que nos condicionan y de las que muchas veces ni siquiera somos conscientes. O sí, pero preferimos obviarlas. Pensé en la malla metálica que también existe en nuestro día a día y que no nos permite ser o hacer lo que realmente quisiéramos ser o hacer.

viernes, 5 de octubre de 2007

El club de los segundos

Todos tenemos una idea más o menos clara de lo que es el Tercer Mundo, el conjunto de países eufemísticamente llamados "en vías de desarrollo", muchos de los cuales están todavía muy lejos de estar en vías de nada.

Cuando nos hablan de "Primer Mundo" nuestra confusión aumenta. ¿Hasta dónde abarca este concepto?. ¿Quién alcanza a pertenecer al club de los privilegiados?

Pero claro, matemáticamente hablando, si hay un Tercer Mundo y un mundo de los primeros, tiene que existir uno que sea el segundo. Y ahí ya sí que nos perdemos totalmente ¿qué será eso del Segundo Mundo?

El Segundo Mundo no está en el punto de mira de nadie como le sucede al Tercer Mundo. Ni sufre la gran mayoría de sus padecimientos. Tampoco se posan las miradas sobre él como le ocurre al Primer Mundo. Un escrutinio constante. La presión perpetua sobre el que tiene que jugar el papel de supuesto ejemplo a seguir.

El Segundo Mundo pasa desapercibido, es más libre e independiente. Puede meter las narices arriba y abajo y luego escabullirse. Son las ventajas del segundo, cuya única preocupación es la de que no le pongan un acento a la "o" y le añadan una "n".

Los que hemos nacido segundos en familias más o menos numerosas conocemos bien ese rol. Sabemos las particularidades de nuestro papel. Nos han hecho menos caso, pero hemos intentado aprovecharnos de esa situación. De la libertad que nos ha dado nuestra posición, de la tranquilidad de saberse desapercibido cuando hay turbulencias. Y sabemos defendernos de la amenaza que nos imponen los que nos quieren colgar acentos y enes.

Hemos instaurado con mi segunda hija una alianza secreta. El Club de los Segundos. Ser segundo mola.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Orden y concierto

He de admitirlo y lo admito: soy desordenado. No presto atención a la organización constante de las cosas en sus lugares correspondientes. Los objetos se acumulan sin orden aparente durante días. Los papeles se amontonan peligrosamente en los más insospechados lugares. Los correos electrónicos son archivados sin piedad en una carpeta creada para la ocasión: "A procesar".

Por el contrario, mi modus operandi es el del ataque de necesidad de reordenación momentáneo. Me da la vena a trompicones. Súbitamente y sin motivo aparente reorganizo el despacho de arriba abajo, elimino montañas de papeles, me cargo montones de bookmarks acumulados en mi navegador de internet, leo y gestiono cientos de emails, elimino los montones de archivos que inundan el escritorio de mi ordenador y limpio de cualquier objeto improcedente todas y cada una de las superficies horizontales de mi casa.

Pasar de golpe a la acción con el objeto de reestablecer el orden perdido es una actividad que me reconforta. Es como cuando puedes saborear la paz después de un periodo de guerra. Quizá ésta sea la razón por la que soy adicto a tal forma de actuar. Proporciona cierto placer y una mayor satisfacción.

La ausencia de orden y concierto en el mundo de lo material no es grave. Ni siquiera lo es cuando afecta al medio electrónico. Los problemas empiezan si la desorganización afecta a las ideas, a los pensamientos. Es entonces cuando comienza a ser necesario pasar de una gestión discreta, a base de golpes de efecto discontinuos, a la atención constante.

lunes, 14 de mayo de 2007

Confusión de conceptos

Pensándolo bien, y por mucho que insista la Academia de la Lengua llevando la contraria, realmente hay poca diferencia entre un hobby y (lo que se viene a denominar como) un vicio. Ambas actividades son aficiones de uno, aunque las primeras sean algo más confesables que las segundas. Pero es que incluso la frontera entre lo confesable y lo que conviene mantener oculto al conocimiento de los demás es difusa. Es por ello, y no por otra razón cualquiera, que ambas acepciones puedan llegar a confundirse, a convertirse en sinónimas: ni siquiera el grado de confesabilidad permite discernir entre uno y otro concepto.

De todas esas aficiones haylas pequeñas y grandes, frecuentes y esporádicas, puntuales o de larga duración, caras o baratas, solitarias o en grupo. Pero nunca dejan de ser lo que son: entretenimientos del ser humano, pasos adelante que le permiten hacer su instalación temporal en la vida más agradable y más placentera.

A tal efecto, al objeto de ser capaces de dirimir sobre la conveniencia de llevar a cabo tal o cual afición, sólo existe una frontera a considerar: la ley. O lo que es lo mismo: la interpretación de nuestros (queridos) representantes públicos de lo que significa no joder al prójimo (si es que al prójimo no le apetece, claro)

jueves, 10 de mayo de 2007

Reflexiones (aparentemente) anacrónicas

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a un encuentro con Lech Walesa (ex Presidente de Polonia y Premio Nobel de la Paz) y Vaclav Havel (ex Presidente de la República Checa). Ambos fueron los líderes de sendos movimientos civiles que llevaron a cabo la revolución pacífica con la que se puso fin a los totalitarismos comunistas de sus respectivos países.

Los dos líderes repasaron las claves de esa transición que ha llevado a sus sociedades a niveles de bienestar y libertad impensables hace 20 años. Pero lo que me llamó la atención fueron sus menciones al rol que, desde su punto de vista, han jugado los Estados Unidos en la historia mundial del siglo pasado. Llamaban la atención esos comentarios por producirse en un momento de gran (y posiblemente merecido gracias al liderazgo que actualmente sufren, los pobres) descrédito y demonización de los Estados Unidos de América. Fueron unas observaciones que apelaban a la ampliación de la perspectiva histórica que es preciso tener. Las mencionadas reflexiones se verbalizaron aproximadamente de la siguiente forma y manera:

•"Europa generó dos grandes guerras mundiales. Y fueron los Estados Unidos los que, al final, permitieron alcanzar una salida (relativamente airosa, con la derrota de los totalitarismos causantes de las mismas) a esos conflictos"

•"Debemos a los Estados Unidos una gran parte de la transición de los países de antiguo régimen soviético a la democracia, por la presión implacable que ejerció durante años sobre la Unión Soviética. Cuanto menos, dicha presión sirvió para acelerar los acontecimientos"