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martes, 13 de mayo de 2008

Soltando amarras

La experiencia de la navegación es altamente recomendable, especialmente si la propulsión del barco la proporciona una vela.

Te sientes a merced del entorno, colgado en un mundo que muchas veces es inhóspito. Experimentas la sensación del riesgo y del miedo. Pero también uno puede gestionar lo que se le viene encima, las olas, los vientos, el sol, el calor. Como siempre, hay una parte controlable y una parte imposible de someter, cuyo desenlace no depende de nosotros mismos por muy experimentados navegantes que seamos.

Luego, por supuesto, viene la parte positiva. Y es que la recompensa a esa decisión de viajar en un cascarón a la mitad de un océano siempre, pero siempre, aporta momentos inolvidables, situaciones que por nada del mundo, ni por todo el miedo y el riesgo en los que incurres, te hubiera gustado perderte.

No conozco ningún mar sin tempestades. No conozco ningún barco que tarde o temprano no llegue a puerto. Y son pocos los que no vuelven a salir, a soltar amarras.

miércoles, 9 de enero de 2008

Una palabra molona

“Sí, es buena gente, pero tiene sus recovecos”.

Mientras Maribel pronunciaba estas palabras, hizo un gesto con sus brazos y con sus manos, semejante al de una bailaora de flamenco, girando rítmicamente sus muñecas, haciendo que las palmas de sus manos dibujaran círculos sobre sí mismas.

A mí se me quedo grabada esa palabra. Recoveco. Se quedó fijada en mi memoria. Y el gesto que la acompañó hizo de pegamento.

Recoveco. Me gusta este sustantivo. Un sitio escondido. Un rincón. Es lo que dice el diccionario. Pero a mi me suena a lugar desconocido. A cavidad hueca por explorar. Será un efecto onomatopéyico.

Y como algo nuevo que es, como todo aquello que precisa ser explorado, descubierto y conquistado el recoveco genera sensaciones contradictorias. Acojone por un lado. Curiosidad por otro. A ratos, también ilusión por el tesoro que se puede descubrir.

martes, 30 de octubre de 2007

El baño

El día era gris. El lugar frío. Lo fundamental de la estampa era un lago, de fondo oscuro pero de agua muy transparente: cerca de la orilla los cantos rodados del lecho se podían ver con nitidez.

El aire era fresco pero me metí en el agua sin notar el mínimo escalofrío. Tampoco sentí el pinchazo de los cantos rodados clavándose en mis pies. Todo esto llamó mi atención. Me sentí tan bien que decidí sumergirme entero en el agua, hasta que la persona que se bañaba conmigo me llamó la atención. "No lo notas, pero en realidad estás pasando frío. Es mejor que salgas ya o agarrarás una fuerte".

Mi padre se fue hace 8 años. Hoy, en un sueño, después de tanto tiempo, he vuelto a hablar con él.

jueves, 13 de septiembre de 2007

Saber, demoler, doler, pertenecer

I. Sólo tú sabes bien quién soy

Hizo el ejercicio de buscar por internet la cifra más actualizada de seres humanos que pueblan la Tierra. Más de 6000 millones. Y sólo uno entre 6000 millones conocía toda la verdad, o casi toda. Todos los recovecos y todos los ángulos inverosímiles pero ciertos. O casi todos. Toda su realidad, del derecho y del revés.

Uno entre 6000 millones. Ese pensamiento le dio vértigo. Y se sintió totalmente entregada, a expensas de él.

II. Sólo tú doblas mi razón

A menudo él mostraba una razón más poderosa que la suya. Una razón que tumbaba sus argumentos. Una fuerza más potente que cualquiera de sus lógicas. Un algo que demolía su voluntad.

III. No creo que algún día el mar pierda el sabor a sal

Ella sabía que el mar era grande y que su sabor no cambiaría. Era consciente de que habría suficiente agua salada para todas las lágrimas que quedaban por brotar.


IV. Y por eso (por todo eso) es tuyo…

lunes, 9 de julio de 2007

A veces, la soledad

Non, je ne suis jamais seul
Avec ma solitude


Ma solitude
Georges Moustaki


Fuera caía fuego sobre Madrid.

Dentro, ella, rodeada como siempre de gente, agitaba con fuerza sus pestañas para evitar que el agua lograra humedecer sus pupilas. Movía sin descanso sus párpados al objeto de que el blanco de su mirada no enrojeciese.

Fuera el asfalto parecía derretirse.

Dentro, ella disimuladamente se sorbía los mocos. Las lágrimas rechazadas por sus ojos habían convertido en un río el interior de su nariz. El líquido salió rebotado hacia su interior. Y notó como la sal le quemaba las entrañas y le secaba el corazón.

Consiguió su objetivo y nadie percibió en ella nada fuera de lo normal.

Tras librarse de la marabunta que siempre la acosaba se refugió en su sillón, el lugar al que siempre acudía en busca de protección. Y ella, la que siempre hacía alarde de su independencia, de su enorme capacidad para capear la soledad, incluso para disfrutarla, se sintió desolada.

No era necesidad de compañía física, ni de entretenimiento de ningún tipo. Le atormentaba el hecho de no poder compartir su secreto, su problema con nadie. No poder contar con el consejo de ningún amigo. No poder acceder a una segunda opinión. No tener la posibilidad de aprender de una perspectiva diferente. "Coño, que sola estoy en esto".

Para eso no estaba preparada. Ella, siempre tan segura de sí misma, ahora estaba derrotada.

Entonces marcó en el móvil la combinación de números necesaria para que mi nombre apareciera en la pantalla, y un río de palabras mojadas se coló por mi auricular. En el otro lado de la línea que sólo existe en su imaginación.

viernes, 6 de julio de 2007

Limonazo

El otro día lo dijo Malena en la tele. Y yo lo anoté en mi cabecita y me llevé el mensaje a casa: "Si la vida te da limones, hazte una limonada"

A ratos pensamos que la vida es una (puta mierda de) selva, poblada de animales salvajes que quieren hacer daño. Un entorno en el que no te puedes fiar de nadie. Pero a veces te relajas, descansas y piensas que no será para tanto, que alguna excepción habrá. A base de hostias, el devenir de los hechos te devuelve a la realidad y el ciclo se repite. El organismo se vuelve a poner en alerta como mecanismo fundamental de supervivencia.

Así es. Ciclo tras ciclo. Etapa tras etapa.

Pero la vida sigue.

Y a mí me encanta la limonada.

jueves, 5 de julio de 2007

Sigue lloviendo

Bajo un monumental aguacero artificial, sobre el escenario de las Ventas se oyeron esas palabras una y otra vez el pasado viernes.

Y es que no para de llover desde hace mucho tiempo.

Un telegrama que llega un viernes a las siete de la tarde.

Un documento lleno de palabras del argot jurídico que no hay dios que las entienda.

Una llamada diciendo "Hay novedades".

Emails, emails y más emails

El de los pelos largos insiste: "Sigue lloviendo, sigue lloviendo"

Y no para de llover.

domingo, 24 de junio de 2007

El año escolar

Desde que éramos críos la unidad temporal relevante en nuestras vidas es el curso escolar. Al ritmo del paso que marcan las vacaciones de verano y los hitos intermedios de navidad y semana santa, los ciclos se repiten año tras año, evidenciando el avance del tiempo con mucha más fuerza que los periodos del calendario gregoriano.

Y aquí estamos otra vez. El curso acabando, un año más. Pensando en lo que hemos vivido desde el septiembre pasado. Anhelando las vacaciones que ya llegan. Deseando que no nos haya quedado ninguna asignatura pendiente, cruzando los dedos para que esos examencillos que todavía están por llegar vayan bien.

Yo me matriculé en un curso nuevo el año pasado, allá por junio, como el que recurre al acceso a la universidad para mayores de 25 años (bueno, sí, bastante más de 25, pero nunca es tarde cuando la dicha es buena). Era jodido porque la temática era totalmente nueva para mí, y compaginar el estudio con el resto de mis obligaciones y responsabilidades, mi mundo, era difícil.

Mirando atrás me da la impresión de que todo ha sido más fácil de lo que imaginaba. Creo que he podido asimilar las asignaturas bastante bien, pese a los altibajos, la falta de tiempo, de atención, de dedicación en suma. Además el aprendizaje ha valido la pena, porque aprender, he aprendido mucho.

Espero que me den el aprobado y poder pasar al curso que viene. Y así poder repetir el ciclo que marca la vida. El año escolar.

lunes, 11 de junio de 2007

Distancia y añoranza

Si tú no vuelves
se secarán todos los mares


Había escuchado una y mil veces aquellas palabras y las notas que las acompañaban. Estaba enganchado a ellas a pesar de que formaban parte de la balada más triste que jamás había escuchado. Que jamás se había escrito. Que jamás se había compuesto.

Y cada noche vendrá una estrella a hacerme compañía
que te cuente cómo estoy y sepas lo que hay


A miles de kilómetros de distancia el pareado cobraba vida de nuevo, y dolía más. Sabedor de la lejanía que les separaba, la añoranza le atenazó de tal manera que el agua brotó de sus ojos. Pensó en la conversación que hubieran tenido aquí, en el comentario que hubiera suscitado aquello que veían o en el chiste que hubiera inventado para hacerle reír. Cada noche, antes de dormir, como en la canción, se lo contaba en silencio.

Si no vuelves no habrá vida no sé lo que haré.
No sé lo que haré


Derrotado por el cansancio apagó su mirada. Se hizo resbalar por el cuero del asiento del avión hasta quedar en una posición cómoda. Alcanzó a tenerle en mente unos segundos. "Vuelve, por lo que más quieras".

domingo, 13 de mayo de 2007

Por si un día ese libro se extravía

Acababa de ventilarse las primeras páginas del último lanzamiento de una de sus autoras favoritas, la historia de una pareja que descubre un pasado lleno de sucesos comunes entrelazados. "Es que cuando leo a ésta me corro de gusto", había llegado a decir a colación de la susodicha escritora.

Entonces alguien le recordó que no tenía un pasado común con quien ahora compartía la mayoría de su tiempo, como sucedía con los protagonistas de la novela. Que su fortuito encuentro se había producido ya entrada la edad adulta y que con anterioridad a ese momento no había habido ramas de vivencias entrelazadas. Ni vericuetos del camino que hicieran que las sendas se encontrasen. Tan sólo podían compartir el recuerdo de dos vías paralelas trufadas de experiencias, eso sí, muchas de ellas coincidentes (aunque salvando las distancias). Y eran esas coincidencias la base de la fuerza que inexplicablemente les unía, porque el destino había labrado sus caracteres a base de golpes similares, de heridas en los mismos lugares.

Sí, sus caminos se habían encontrado. Y por delante senda pero no destino. "¿Qué más da? Ya hemos podido comprobar que el camino puede dar tantas satisfacciones como alcanzar el final del trayecto", se consolaron.

Unos días más tarde acabó de pulirse las casi 1.000 páginas del tocho. Entonces pudo leer una escueta frase, escrita a mano, justo al ladito del FIN correspondiente.

"¿Te gusta conducir?"


Recodo del trayecto entre Brasov y Sighisoara, en el epicentro de Transilvania. Mayo de 2007

martes, 17 de abril de 2007

Una oportunidad

Alondra tiene nombre de telenovela. Tiene doce años, es gitana y sorda. Sólo acude al colegio un 20% de los días. Todavía no sabe leer ni escribir. Pero hay alguien que, a contracorriente y cuando se tercia porque a Alondra le da por aterrizar en el colegio, la saca de clase para meterle en la cocorota esas malditas vocales que no acaba de identificar. "Qué pesao. Otra ve las letras".

Christian sufre un retraso mental leve pero sus padres no lo quieren ver. A sus diez años, como consecuencia de su microcefalia, no es capaz de asociar las cosas a sus nombres. Ve las imágenes. Conoce las palabras. Pero no es capaz de relacionar unas con otras. Hoy ha costado un buen rato que llamase uvas al dibujo del racimo que alguien le enseñó. Pero, como se ha portado bien, "repasarán" los animales. Christian da un salto de alegría y aplaude con fuerza. La primera de las imágenes es un bicho con plumas de mirada fija y penetrante. "¡Buho!". Los animales se los sabe todos. Hoy la sonrisa no se la quita nadie hasta el final de la clase.

Puede ser que en casa de Alondra nunca vaya a haber nadie que la obligue a ir al colegio y, por eso, es probable que jamás vuele sola. Quizá la ceguera de los padres de Christian se alíe con la microcefalia que sufre y haga imposible que algún día se valga por sí mismo.

Pero hay alguien que cada mañana se va al extrarradio de Madrid y se desgañita para que estos niños puedan tener una oportunidad.

sábado, 17 de marzo de 2007

Cuando navegas y hay mala mar

De sus veranos navegando había aprendido mucho. Esas jornadas de agua y de sal le habían proporcionado un tesoro de conocimientos y experiencias. Pero algo resaltaba dentro de ese bagaje de nueva sabiduría: Si la mar se pone brava, si arrecia el temporal y vas en la dirección equivocada, arría las velas. O al menos sitúalas de otra manera. O cambia de rumbo. O haz algo. Porque la alternativa es una singladura a trompicones, escorada hasta el límite. Incómoda desde luego. Pero incluso peligrosa.

Había aprendido a hacer rápidos sus movimientos sobre la cubierta. La mala mar había activado su resorte de supervivencia y aprendió a enrollar la génova o a plegar la vela mayor a una velocidad de vértigo. Sabía cómo actuar en cada momento, según veía el viento evolucionar, las aguas vibrar o el camino a realizar.

Ahora en su vida el temporal arrecia. El condenado viento sopla huracanado, y, lo que es peor: lo hace de forma errática. Tampoco sabe a ciencia cierta si la singladura es la correcta y si el rumbo elegido es el más apropiado para cubrir ese trayecto. Lo único que ve claro es que el velero navega escoradísimo, al límite. Su maestro y mago-patrón (o patrón-mago, ya que nadie sabe cuál es su verdadera vocación) le había aclarado sin embargo que no se preocupara. "Estos barcos no los hunde ni un huracán. Sigue tu rumbo".

La elección de la singladura no tiene marcha atrás. No depende de él y lo sabe. Sólo hay un objetivo en su vida y tiene que alcanzarlo. O, al menos, intentarlo. Pero ahora ve que unos cuantos de los grados a estribor que marcan su rumbo los fijan el odio y la impotencia que se han apoderado de su espíritu y de su voluntad. Que se han acomodado, sin que nadie les haya invitado, en la cara oculta de su corazón.

"Hay que extirparlos". "Hay que matizar el rumbo". Resuelto y de esta forma y manera se lo ha expresado a los que le rodean. Y da un golpe de mano al timón hasta que la brújula marca de forma contundente y clara unos números diferentes.

Es de noche, se tumba en la cama y levanta el edredón hasta que cubre su cara. Es su reacción natural desde hace tiempo cuando se acuesta: consigue una sensación pasajera de aislamiento. De que aquello que ocurre a su alrededor no va con él. Pero sí va. Y los nuevos habitantes de su corazón comienzan su tarea de todas las noches: comienzan a inundar su cabeza de imágenes, de palabras, de vídeos en súper 8. Entonces lleva con fuerza sus piernas hacia su pecho. Se acurruca sobre el colchón, da el volantazo y hoy, por ejemplo, comienza a desplegar sobre su retina las fotos de aquel verano de 1986 en Escocia.

jueves, 8 de marzo de 2007

La escultora con nombre de dulce

Sus íntimos y más allegados, aquellos que forman la primera capa de la cebolla que recubre este gran corazón, utilizan el nombre de un blanco y dulce elemento para referirse a ella.

Sufre hiperactividad contagiada (de la primera capa de cebolla) y a su vez ella la inocula a su alrededor. De igual forma, ella contagia su risa a los demás y les inocula su buen humor a menudo transformada en una "Misis planes". Esculpe sonrisas con la fuerza de sus palabras en las caras de los que están cerca suyo y piensan que más bajo no se puede ir. Por eso, a veces sucede. Pasa y piensas que no puede ser. Pero ocurre: una situación dramática salta por los aires y se volatiliza, un muro de tristeza se derrumba bombardeado por decibelios de carcajadas. Es inaudito. Hay que verlo para creerlo.

Terca como una mula, se mete demasiadas veces, y demasiado a fondo hay que decir, donde no la llaman. En esas situaciones cae, porque tiene que caer. Porque su corazón es más grande que su cabezota. Las lágrimas también saben pasearse de vez en cuando por sus mejillas.

Perfeccionista al límite. En el abismo de lo racional. Muy lista, la muy cabrona. Pero la chica escultora de sonrisas sigue erre que erre y llega y transforma tu día.

Tenemos suerte los que podemos cobijarnos cuando lo necesitamos a la sombra de la escultora con nombre de dulce.

martes, 6 de marzo de 2007

Lo que hay, es lo que ves

no tengo mucho más que ofrecer
creo que lo que hay es lo que ves
a veces pongo un poco de ilusión
y se enciende una bombilla...

"Lo que hay, es lo que ves". Por la vía de la palabra escrita o con sonidos lanzados al aire, incluso con gestos elocuentes había tratado de hacérselo ver. Sin trampa ni cartón. Todo transparente como agua clarita. No quería llevarle a un oasis que en realidad es una ilusión óptica. Una mentira.

Sin embargo, en su ansia por superar las barreras al filo de lo imposible, de forzar su capacidad al límite, casi se rompe y su alma se hace añicos. Lo ha intentado muchas veces. Planes, paseos, viajes. Nuevos atardeceres. Diferentes amaneceres. Rincones de Madrid que sin ti no significan nada. Simplemente no cuentan. Desaparecen.

Pero su cuerpo, su empequeñecida figura, parecía no dar más de sí. Una gota de agua caía del cielo, pero el efecto en él era el de una riada incontrolable que lo arrasaba todo a su camino. "No aguanto una centésima parte de presión adicional. Simplemente no puedo. ¿O no quiero?"

Luego leyó aquella frase: "¡Mereces tanto la pena, coño!". Seguro que si pones un poco de ilusión, alguna bombilla se encenderá, dice la canción. ¿Aguantará mientras dure este maldito y oscuro túnel?. Mira que yo he pasado túneles de 25 kilómetros en Noruega que son la hostia!

N del A: las palabras que abren este post provienen de una canción de Álvaro Fraile. Tuve la enorme suerte y placer de conocerle y poder asistir a la presentación de su primer disco en la sala Galileo Galilei de Madrid. Tiene un enorme talento. Mucha suerte, Álvaro. www.alvarofraile.com

martes, 20 de febrero de 2007

La carta

"Querido Álvaro:

Gracias por confiar de nuevo en mí, y en mi criterio (ya que uno y otro somos aliados).

Me ha gustado mucho el texto que me mandas. Como casi todo lo que te leo, es original, tiene fuerza y tiene personalidad. Sobre todo eso: tiene tu sello. Y tener sello es muy importante en esto de la escritura.

Como siempre (ya sabes, vengo de una escuela en la que por muy perfecto que sea algo, siempre se encuentran áreas de mejora), he hecho algunas correcciones. Usas mucho la coma como signo puntuación. ¿Es uso, o abuso?. A mi me va más el punto, ya lo sabes. Al menos, el punto y seguido. A veces el aparte también me apetece, pero menos. Será porque en el colegio no paraban de darme la lata con el rollo de las frases cortas, que lo explican todo más clarito. Yo, el punto. Tú, la coma. Yo, las decisiones temperamentales y definitivas. Tú, la pausa y la respuesta más meditada. Yo camino hacia lo irreversible. Tú avanzas tranquilo y paciente, dejando menos puertas cerradas a cal y canto.

En cualquier caso, a lo que iba. Creo que sería bueno que el tema de la puntuacion y de la longitud de las frases que utilizas lo comentaras con tu profesora. Que te diera su punto de vista tanto desde la vertiente de la corrección técnica como del estilo. Sácale un poco de juguillo individualizado a tu realidad. A tu escritura.

Sigue así. Persevera porque vas por buen camino.

Y no me malinterpretes. La coma tiene también su utilidad.

Siempre a tu disposición.

Recibe un fuerte abrazo"

lunes, 12 de febrero de 2007

More than one hundred

"I know that I will cry when I have to go back to Chicago. I might be saying goodbye for ever to her". I listened with a smile to what Maria had to tell me about our grand mother.

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She spent a chunk of her childhood going through illnesses. A doctor finally said to his father that he had to move her from the seaside. There was no drug that could save her in 1907. It worked. The medicine was a drier weather. The secret of her long life, she always reminded me, was to spend the nights with her windows open. Even during the coldest days of the winter. Who knows.

She now has 17 grandchildren and 14 great grand children (and two more –to my knowledge- that are coming).

She falls asleep on her chair, like a baby. Then she wakes up and asks for her favorite magazine because she wants to read.

- Do you know who I am – I say
- You are the oldest – she replies
- And what is my name?
- You are Luis.

And she falls asleep again.

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"I take your point but I don't agree. Abuela's birthday should be a party to celebrate life. A party in which we all have fun and laugh. No room for cries."

Our grand mother is one hundred years and five days old today.

domingo, 4 de febrero de 2007

La fatiga del querer

Lérida, primavera de 1984

Enfundada en su chándal de diseño, tocados sus tobillos por calentadores de lana, al ritmo de las notas de Flashdance, la veía avanzar pedaleando su bicicleta por las calles de la ciudad.

Una tarde se detuvo en un jardín con nombre de músico y se encontró con él. No se lo esperaba, pero aquel tipo se sacó de la manga un taper lleno de fresas, su fruta favorita. Las primeras de la temporada. Su corazón se hinchó, y se dispuso a acomodar las imágenes del recuerdo de este encuentro en la zona más noble de su memoria. Se aseguró de que no las fuera a olvidar nunca. Él sabe que nunca lo ha hecho.

Siguieron los mejores momentos de su adolescencia, cuajados de torpes besos y caricias contra las paredes enmoquetadas del portal de su casa.

Barcelona, primavera de 1988

Querer fatiga. Querer y no ser correspondido mata de puro agotamiento. Los paseos por el barrio gótico se hacían interminables. Quería huir de la indeferencia que la niña ciclista proyectaba sobre él a cada paso. Pero pensar que si está cerca… si está cerca siempre podía haber una oportunidad.

Pero ese fin de semana, en Barcelona, no la hubo.

Siguieron decenas de notas escritas, miles de palabras sobre papel que se cruzaban cada mes por la autopista A2.

Lérida, primavera de 1992

"No te cases. Es el peor error que puedes cometer. Si quieres me voy yo contigo". Ese día no iba en chándal, ya no se desplazaba en bicicleta. Se había hecho mayor y sus palabras se habían vuelto sabias.

"Yo que sé. Yo me caso. Yo la quiero. Yo me voy. Yo quiero un futuro a su lado. Con ella no somos dos. Somos uno". Él no atendió a razones.

Siguieron años de alejamiento. De saber poco, o nada. De pensar a veces qué habrá sido de ella. Años de terror y de miedo.

Lisboa, primavera de 2006

"Esta caja esconde nuestra historia, nuestros secretos". Fueron sus palabras cuando al recibirla en Portugal le mostró a la ciclista de los calentadores una vieja caja de vinos cerrada a cal y canto. Eran las cartas de la A2. Habían sobrevivido al terror.

Juntos recordaron el pasado. Juntos escupieron sutiles reproches que llevaban amarrados al alma desde hacía mucho tiempo. Juntos hicieron pequeño aquel piso de Bordalo Pinheiro, que se achicaba a cada momento, con cada sonora carcajada. No pararon de reír en dos días. Y dejaron su sonido y sus pasos por las cuestas empedradas del Chiado.

Siguieron, qué caray, ya estamos en el siglo veintiuno, emails y llamadas al móvil al ritmo de un viento racheado, a veces tormentas de intercambios, en otras ocasiones tan sólo calma chicha. Cada uno en su lugar. Cada palabra tratando de taponar una herida.

Madrid, invierno de 2007

Exhaustos fueron a rendirse sobre una mesa de mármol del café de una bocacalle a dos pasitos de la Gran Vía. Aquel bar se llamaba Fatigas del Querer.

"Yo sueño mi futuro. Lo que me viene a la cabeza mientras duermo, luego se cumple". Ella teje sus proyectos en la cama y él quiere saber en qué soñó anoche.

"No te lo digo. Si no, se rompe la magia. Y el sueño no se cumple"

Pensando en sus sueños, viviendo de sus proyectos incumplidos, confiando en que por una vez sus ideas cambiarán en más de un gradito el rumbo de sus pasos, la niña de los calentadores madrugó para volar y volver al mar, a respirar sal. Mi niña no se ha dado cuenta de que desde donde está, no verá ponerse el sol sobre el horizonte del Mediterráneo. Yo ahora miro la puesta del sol sobre el mar, y ella el amanecer.

miércoles, 31 de enero de 2007

Opinión, decisión y duda

"Dudar de todo es carecer de lo más precioso de la razón humana, que es el sentido común"

En algún lugar, en algún momento había leído estas palabras, que hace un rato volvían a mi mente.

No resisto a los seres humanos pusilánimes, invertebrados, carentes de opinión ante cualquier circunstancia.

Y sin embargo a veces las dudas me crucifican. Torpedean mi estado de ánimo en algunos momentos de decisiones cruciales. A veces, no hay vuelta atrás. Es precisamente en esos momentos, cuando tienes la sensación de que te juegas lo que más quieres.

Así, aguijoneado, me he sentido hoy mientras aceleraba el paso cuesta arriba por la calle Velázquez. La noche y el frío completaban un panorama desolador durante quinientos metros de paseo.

Por fortuna, el proceso de cuestionamiento es siempre el mismo. Dura lo justo. Y al torcer por general Oraá volví a avanzar resuelto, siguiendo el camino que me he marcado.

"Es menos malo agitarse en la duda que descansar en el error"

lunes, 22 de enero de 2007

Diagnóstico certero

Ya en varias ocasiones se lo había dejado muy claro: "Tu estilo es hiperbólico". "Y además ciclotímico. Tus reacciones son exageradas en todos los sentidos".

Para alguien que piensa que el ideal de perfección reside en el equilibrio, que se fija como objetivo de vida alcanzar un centro estable permanente, esa crítica suponía un trago amargo. Y un pensamiento que iba camino de convertirse en obsesión.

Pero ahora ya no sólo había un reproche, sino dos. Una segunda losa sobre sus espaldas. Sabía que ese defecto estaba ahí. En realidad, basaba su supervivencia en su existencia. Pero que alguien se lo evidenciara era como incrementar en muchas toneladas el peso sobre su conciencia. "Tu corazón es de piedra". Y la piel de cerdo, pensó para sus adentros cuando escuchó esta segunda pieza del certero y cruel diagnóstico que le estaban realizando. Piel de cerdo. Caparazón de tortuga. Elementos que le habían permitido llegar con vida hasta el presente.

Ya eran muchos años intentando cambiar lo primero. Y demasiado dolor acumulado para tener la valentía de corregir lo segundo.

"Huye mientras puedas…". Fue su contestación, su reacción al oír esa maldita descripción. "…porque estoy en las mismitas puertas de la locura".

domingo, 21 de enero de 2007

El lenguaje secreto de las cosas

Tengo prohibido revelar los misterios que esconde su elaboración. Ni siquiera mi madre, mi maestra frente a los fogones, sabe las proporciones exactas. Su conocimiento se transmite por el medio oral y la práctica al alimón en sesiones continuas de formación en la cocina.

Sólo preparo las natillas de casa a la gente que quiero.

Metidos en la cocina, como en la vida, los manjares se construyen poco a poco. Los mejores a fuego lento. Con un buen chup chup. Y como sucede con muchas cosas del día a día, hay recetas que, sin necesidad de las palabras, son capaces de comunicar.

Las natillas nos hablan. Fíjate bien. Sólo hay que darles cariño constante mientras se cuecen: no parar de darles vueltas con la cuchara de palo. Si no, se pegan y se echan a perder. Pero a cambio nos dicen cuando están listas. ¿Lo ves?. Cuando la telilla blanca que las recubre desaparece es momento de retirarlas del fuego.

Cada cosa tiene su lenguaje. ¿No te das cuenta?. A veces no te hablo, pero te estoy diciendo muchas cosas.