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miércoles, 2 de julio de 2008

Bar Harbor

Bar Harbor es un pequeño pueblo costero del estado de Maine en los Estados Unidos. Debe su nombre al curioso accidente geográfico que lo caracteriza: cuando la marea está baja uno puede caminar sobre una “barra” de arena hasta la isla que se encuentra justo enfrente del pueblo. Realizar este paseo es una tradición local y una actividad obligada para cualquier turista que se acerque a este puerto. Antes hay que consultar los horarios de las mareas a fin de evitar quedarse bloqueado en la isla y no poder regresar a tierra firme

Pero el fenómeno de la barra de Bar Harbor, aunque usual, no es inmutable: hay muchos caminos de un sólo sentido. Hay lugares que una vez visitados no es posible abandonar. Hay mareas que no siguen un orden establecido, que no se pueden anticipar, que suben cuando uno menos se lo espera y que impiden deshacer el camino recorrido.

A veces la luna nos juega malas pasadas.

La marea baja en Bar Harbor


Vista de la isla cuando no se puede llegar a ella andando vista desde el cercano Monte Cadillac

domingo, 9 de diciembre de 2007

Prelectura para vuestro viaje a Nueva York

Ayer hablábamos de Nueva York.

Comentábamos qué hay que hacer cuando se visita esa ciudad.

Pero es que Nueva York no es una. Es muchas ciudades en una. Muchos lugares comprimidos en una isla y sus alrededores. Nueva York evoluciona rápido y siempre. Cada día hay un pedazo de nuevo Nueva York.

Nueva York no se deja enlatar. Porque es imposible empaquetar algo tan masivo y caótico. Nueva York es la antítesis de Praga. Un opuesto radical como producto turístico.

Por eso es tan difícil guiar por sus calles y por su vida. Por eso es imposible comprenderla entera.

Ayer hablábamos de Nueva York y yo recordé este párrafo de un artículo que leí hace unos días. El autor (Mikel Urmeneta, fundador de la firma de camisetas Kukuxumuxu) comparaba en estas líneas dos de sus lugares favoritos, dos "destinos acojonantes" como él los describe.

"París es azul plomo y Nueva York es gris hojalata. París se ilumina y Nueva York brilla. París es ancha y Nueva York es alta. París es limpia y Nueva York es sucia. París es escaparate, Nueva York es videojuego. París es delicatessen, Nueva York es deli. París es duquesa, Nueva York es cajera de supermercardo. París se arregla, Nueva York se recicla. París es Ciudad, Nueva York es País. París es perfecta y Nueva York no."

Nueva York es como somos nosotros.

Que lo disfrutéis

martes, 13 de noviembre de 2007

Mirando al patio


I
Es lo que tiene estar de reforma en casa. Te llama la atención un rodapié, el acabado de una pared o el suelo de un bar. Te fijas en todo lo que huele a yeso mojado.
En estas andaba yo de visita por Munich cuando reparé en la curiosa distribución del baño en un notorio edificio público de la ciudad llamado La Residencia (el palacio que cobijó durante siglos a los llamados archiduques electores de Baviera). La cabina del inodoro con ventana al patio de armas. La taza dando la espalda al respetable.

II
- Era mejor actor de lo que yo pensaba.

La muy incauta ventilaba ahora su frustración y su desengaño por todos los poros de su cuerpo. Se había pasado horas viendo mil y una escenas de su última telenovela en YouTube. Él siempre de malo. De chulo. De hijoputa. O de todo a la vez. La interpretación era bastante patética. Nunca iba a pasar de ahí, de actor secundario en telenovelas de bajo presupuesto. Pero ella había caído atrapada hace meses en la red que aquel artista había tejido a su alrededor.

- Nena, querida: –alguien reaccionó de esta manera a su vehemente afirmación de crítica cinematográfica – si tienes que cagar, no pongas nunca el trasero mirando al patio.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Fácil versus difícil

Cuando se recala en un lugar con una red de metro extensa, como es el caso de Londres, uno tiene la tentación de convertir este medio de transporte en monopolio absoluto de los desplazamientos por la ciudad. Es rápido y las posibilidades de perderse parecen pequeñas. Llegas a todos lados, los transbordos son sencillos. Todo son ventajas. Es la opción fácil.

Pero en Londres se circula por la izquierda y las cosas son al revés. En Londres hay que hacer un pequeño esfuerzo inicial por entender los gráficos que explican cómo llegar a todos lados montado en un segundo piso sobre ruedas. Es la opción que parece más complicada, pero una vez se prueba, no se vuelve a bajar a las catacumbas.

En Londres sucede que hay que optar por lo difícil. Hacer un esfuerzo para empezar. Arriesgar para acabar ganando.

Yo elegí y tomé el camino arriesgado. Para ganar.

Paso 1: encontrar un plano que explique cómo moverse usando el autobús. Es más sencillo de lo que uno se puede imaginar



Paso 2: subirse al segundo piso (Trafalgar Square, Londres, 14 de octubre de 2007)

domingo, 10 de junio de 2007

Moscú

La catedral de San Basilio parece de juguete.

Las rubias caminan sobre tacones inverosímiles. Morenas que no parecen de este mundo (sostengo que provienen de experimentos de la antigua ingeniería genética soviética en pos de la perfección de la raza eslava) te zurran con un mero cruce de mirada.

Es difícil discernir si un tipo encorbatado es un joven ejecutivo, ambicioso y ávido por incorporarse al grupo de nuevos ricos de la ciudad o un esbirro de la mafia. Cuando gira de forma intempestiva, se dirige hacia un portal sospechoso y teclea una clave secreta para ganar acceso al inmueble las apuestas favorecen a la segunda opción.

La corruptela se extiende a las cajeras de los museos que, primero te convierten en estudiante y, a continuación, comparten generosamente contigo el ahorro que tal condición supone en el precio de la entrada.

El tráfico no motorizado se haya perjudicado de forma claramente alevosa. Los peatones deben decidir constantemente si sortear a pelo decenas de vehículos avanzando por los 10 carriles de cualquier calle en cuestión, caminar 400 metros para superar el asfalto por un paso subterráneo o bien caminar un poquito más (digamos 1000 metros) para alcanzar un semáforo en vías de extinción y poder pasar de los pares a los impares sin enterrarse en vida. Tal situación no impide que se haya pensado en los discapacitados: Para facilitar su acceso a los susodichos y abundantes pasos subterráneos se han habilitado unos raíles sobre los escalones para las sillas de ruedas, en una posición angular próxima a los 45 grados, con lo cual, además de facilitárseles la movilidad, se comprueba al mismo tiempo el temple de sus bíceps.

Comer se come bien, pero controlando el riesgo de ser sableado a razón de 40 euros el plato de pollo "a-la-Kiev".

La especulación inmobiliaria del Occidente es un juego de niños. En Madrid debemos alegrarnos porque todavía estamos lejos de tener que pagar casi 5000 euros al mes (el tercer cero no es una errata) por alquilar un piso de un dormitorio y 90 metros cuadrados.

A la ciudad de Moscú le falta un hervor.

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Así cayó la noche sobre San Basilio el 9 de junio de 2007



Las nubes de la primavera recortan la silueta de las decenas de cúpulas doradas de la ciudad

jueves, 10 de mayo de 2007

Praga en mi interior

Un recuerdo de los días de 1988 transcurridos en Praga quedó nítidamente cincelado en mi memoria. Lo conforman hileras de edificios, de fachadas desconchadas y grises, oscurecidas por el tiempo y la contaminación. Un aire roto, una atmósfera vacía y una dejadez que lo inunda todo.

Hoy veo esas fachadas repintadas hasta el más mínimo detalle. Un adoquinado lustroso de parque temático. Unas torres deliberadamente oscuras para recordarnos lo que este lugar fue hace no mucho tiempo. Y un aire limpio que recorta las siluetas de los campanarios sobre esas nubes que siempre están ahí.

Han pasado casi 20 años, casi como un soplo. Pero la transformación del alma de esta ciudad parece una metamorfosis de cinco generaciones. No queda nostalgia. Ha sido sustituida por una belleza brillantísima y sin paliativos. Una belleza de producto artificial que apabulla sin piedad a los que la contemplan.

Hoy me miro en el espejo y hago el esfuerzo de compararme con la imagen que la plata me devolvía la última vez que estuve aquí, en un ejercicio de competición con la metamorfosis de esta ciudad. Veo algunas marcas del tiempo rasgando la imagen de mí que veo reflejada. Pero también puedo contemplar las cicatrices del alma e, incluso, algunas heridas que siguen abiertas. Boquetes que duelen.

Pienso en la mano de pintura que necesita lo que hay dentro de mí, en algo o alguien que lustre lo que va quedando, como el pintor de las paredes de Praga.

O quizá sea mejor conformarse en la contemplación de la belleza rancia, gris y melancólica del pasado. La belleza que lo es precisamente por no estar restaurada, por ser más auténtica.

Es el Praga de 1988 que todavía está en mi interior.

martes, 17 de abril de 2007

Lo que hay que hacer si vas a Moher

Moher es el nombre que recibe un paraje al oeste de Irlanda famoso en el país porque justo en ese lugar 4 inmensas paredes de piedra se desploman sobre el océano Atlántico.

Hace unos años a alguien se le ocurrió una genial idea. Políticos locales y capitalinos y arquitectos de pro decidieron, con el apoyo de los siempre utilísimos fondos de la Unión Europea, construir sobre los prados que coronan los acantilados un macro centro de acogida para turistas. Una especie de mini parque temático dedicado al acantilado. Y urbanizaron la zona construyendo un amplio camino de piedra para pasear a más de 5 metros del precipicio. Se llevaron consigo la magia del lugar.

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Es ya tarde. Va quedando poca gente. En cierto lugar descubrimos una enorme plataforma de piedra, prácticamente plana por la erosión, que se asoma valientemente sobre los más de doscientos metros que la separan del agua. Saltamos el muro de piedra que separa el camino empedrado del abismo y alcanzamos el borde de la plataforma. Nos sentamos descolgando las piernas en el vacío y contemplamos la pequeña bola amarilla que en ese momento se encamina hacia su chapuzón diario. Y tenemos lo que veníamos a buscar: la luz del atardecer recortando los acantilados ante nuestra mirada. La sensación del viento sobre nuestras caras. El sonido del agua golpeando salvajemente la roca. Y por fin, vivimos el vértigo de la altura, la experiencia mágica de Moher.

A veces, lo que hay que hacer es pasarse las normas por el forro. En Moher hay que saltar la valla.

lunes, 19 de marzo de 2007

Madrid


Hay un Madrid de grandes avenidas, de fachadas iluminadas, de imponentes edificios que juegan a ser imperiales. Hay un Madrid de pisos de trescientos metros cuadrados donde las cenas de amigos las sirve un camarero de guante blanco.

Hay un Madrid de gente que vive en bajos oscuros de habitaciones realquiladas o en palomares acondicionados al uso de otro tipo de animales. Un Madrid de fachadas descarnadas de puro hormigón.

Hay un Madrid de calles en cuesta, que salvan con escalones empedrados sin fin. Un Madrid antiguo lleno de sorpresas, rincones y tesoros por descubrir. Un Madrid con muchas historias que contar porque muchas de ellas nunca han llegado a contarse.

Hay un Madrid donde no importa de qué pie cojeas, porque da igual. Un Madrid abierto y tolerante donde qué más da lo que hagas o puedas hacer mientras no molestes a los demás.

Hay en Madrid un secreto, un pequeño jardín colgante, en una esquinita de La Latina, de suelo enlosado de ladrillo viejo, que pocos conocen. Un jardín que siempre estará en mi memoria.

Hay un Madrid de cines en versión original, de escenarios, luces y bambalinas, de rincones que recuerdan a tantas otras escenas que vimos en la pantalla. Hay un Madrid de actores y actrices que cada día interpretan su función y luchan por llegar a fin de mes, o por realizar sus sueños, o por conseguir grabar un disco.

Hay un Madrid con versos incrustados sobre el pavimento de las calles. Un Madrid para pasear y para leer, donde las horas y los fines de semana se cuelan entre los dedos como si fueran arena fina de playa.

Hay un Madrid de imponentes iglesias y de cúpulas inalcanzables. Un Madrid con viaducto al que un amigo mío evitó muchas visitas de suicidas, de gente que había perdido la esperanza y probablemente no encontró consuelo bajo techo sagrado. Pero también hay un Madrid de gente que tiene fe y obra en consecuencia aunque siguiendo diferentes vericuetos.

Hay un Madrid del poder, de torres de cristal, de oficinas de diseño, de alturas de vértigo que impresionan e imponen a quienes las visitan.

Ahora ya conozco todos esos madrides.

Pero no hay Madrid si es sin ti.


viernes, 5 de enero de 2007

Artículo sobre la India



Es un poco largo pero ha gustado. Así que lo copio aquí.

El mes pasado me pidieron que escribiera un artículo sobre el viaje de noviembre a la India para la revista de comunicación interna de nuestras oficinas de Madrid, Barcelona y Lisboa. Cogí algunos retales de texto de los dos post que escribí en su día sobre el tema. Lo que salió publicado es lo que viene a continuación.

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OBSERVACIONES SOBRE LA INDIA
5 reflexiones desde Delhi


El shock

Los vuelos que llegan del occidente desarrollado suelen llegar a Delhi de madrugada, a eso de las 2. Pero el camino a la ciudad, por una destartalada autopista, es un purito atasco. De camiones que se deshacen y evolucionan de manera desordenada en medio de un vapor contaminado y sucio. Cierras los ojos, vuelves a abrirlos y piensas que te han trasladado al escenario de una película ambientada tras una hecatombe nuclear.

La exposición continuada a la realidad de la India durante las primeras 24 horas te sume en un estado de shock.

300 millones de personas viven en el umbral de la supervivencia (que no de la pobreza). 300 millones. Los rostros, los ademanes de los que forman ese grupo y ves tras el cristal de tu vehículo reflejan la desesperanza que provoca una situación en la que si te falta un dólar al mes te mueres de hambre. Gente tirada, viviendo en medio de la basura y del barro, meando o cagando entre las vacas. Y es que la desesperanza produce indignidad. Falta de dignidad para 300 millones de personas.

A las 24 horas, con la retina ahíta de imágenes de pobreza y dolor, llega el aturdimiento. Hay quien no lo supera y no vuelve jamás a la India. Otros logran reponerse a tiempo para absorber todo lo que este continente ofrece al visitante.

La India espera.

El caos

Yo ya me refiero a ella directamente por su expresión abreviada.La contundente realidad física de una ciudad que parece caerse a cachos se alía con la comodidad de un nombre más corto. Nueva Delhi está perdiendo la primera parte de su denominación.El camino entre Delhi y Agra, la ciudad del Taj Mahal, se extiende a lo largo de 200 km. Recorrerlo es una aventura de casi 4 horas si se tiene suerte con el tráfico.Keke es mi conductor. Es un chófer del Alto Comisionado británico en Delhi, no ha tenido ni un sólo accidente en los 26 años que lleva de profesión al volante y es, además, una persona de bien que responde cándidamente a mis preguntas.- ¿Por qué no te paras en los semáforos en rojo?- Señor, si me paro en algunos de ellos, creo un problema de tráfico porque confundo al resto de los conductores. Algunos semáforos ya sólo están rojos o verdes de forma permanente.Las líneas pintadas sobre el asfalto de calles y carreteras también están agotadas. Nadie les hace caso. Son lo de menos. En la autopista de dos carriles circulan a veces 4 vehículos en paralelo con total normalidad. En ocasiones, el desprecio por la señalización va más allá y te encuentras un tractor o un carro tirado por camellos en contradirección circulando por el carril rápido. El Ministerio responsable de las carreteras indias avisa de forma desesperada en los carteles "Lane driving is safe driving". No importa. Es inútil. En la India, la excepción a veces parece la regla.

La reforma

El hombre que determina la política económica de 1.100 millones de personas de nuestro planeta se dirige a nosotros. El Ministro de Finanzas de la India es un hombre de discurso pausado y claro.Las reformas y el proceso de liberalización de los mercados en la India se iniciaron en 1991, y desde entonces, de forma lenta pero inexorable están sacando a millones de personas de la pobreza.Pero queda mucho por hacer. Por ello se abre el debate sobre la velocidad de las reformas.Sin embargo, la India quiere seguir siendo una democracia. En un país con 24 estados, 17 lenguas y siete religiones el consenso es difícil, pero se consigue a base de hacer más lento el proceso. Están dispuestos a hacer el sacrificio. La coalición gobernante la forman 24 partidos diferentes.Ante una pregunta capciosa el Ministro no duda. "Prefiero hacer una autopista un kilómetro más larga si es necesario para preservar las tumbas de los ancestros de un pueblo por el que tiene que pasar la construcción".Arranca una ovación. El proceso de reforma y de progreso en la India es moderado pero está vivo y tiene el talante de perpetuarse, porque es consensuado, y va devolviendo la esperanza perdida a millones de indios cada año.

Sí, definitivamente. En la India todavía hay margen para la esperanza, aunque muchos de los que ahí viven todavía no lo saben.

La complacencia

Qué palabra. A mí me ha llamado la atención escucharla tan frecuentemente y pronunciada por tan diversas personas en la India. En realidad oigo "Complacency". Una acepción que, tras un pequeño análisis semántico, descubro tiene matices diferentes en inglés y en español. A feeling of contentment or self-satisfaction, especially when coupled with an unawareness of danger, trouble, or controversy.

Políticos, emprendedores, ejecutivos de multinacionales a quienes tuvimos la oportunidad de conocer lo tienen muy claro: la complacencia es el mayor riesgo del éxito.

Del éxito de, por fin, alcanzar tasas de crecimiento económico similares a las de China, en el entorno del 10%, en un contexto igualmente gigantesco pero construido sobre una democracia. Del éxito de comenzar las grandes empresas indias a conquistar el resto del mundo a base de operaciones corporativas. Del éxito de haber desarrollado industrias nuevas de tecnologías de la información, de gestión del conocimiento, de servicios empresariales, creando un modelo de desarrollo con sólidos fundamentos.

Vertex es una de estas compañías que puede ofrecer a las empresas occidentales cualquier tipo de servicio profesional. Desde temas más mecánicos como la gestión y operación de call centers al análisis de mercados. No se trata de un arbitraje puro y burdo de diferencia de costes salariales. La estrategia de estas empresas va hoy más allá. No es off-shoring. Es right-shoring: algunas operaciones alejadas, otras más cerca (near-shoring) en países del Este europeo, y otras más incluso al lado nuestro (on-shoring). El mix más adecuado para cada necesidad. Todo gestionado por empresas indias, que expanden su manto de actividad por medio mundo. Sus empleados no están enterrados en una inmensa pradera del sótano de un oscuro edificio. No. Las plantas donde trabajan son de diseño, tienen vistas y nos superan con creces en sus posibilidades de ocio: además de futbolín tienen billar y ping pong. Hoy trabajan en este tipo de compañías casi medio millón de personas. Una industria creada de la nada.

Ariz Premji recorre la historia de otro éxito, el de su propia compañía: en sus orígenes una pequeña planta de aceite vegetal, convertida hoy en un gigante mundial de las tecnologías de la información (Wipro) que incluso cotiza en la bolsa de Nueva York. Ariz está considerado por el Financial Times una de las 25 personas más influyentes del mundo. Sus palabras son claras, directas, trufadas de fuertes opiniones pero firmemente ancladas a un estilo de expresión alejado de la prepotencia.
"No vamos a caer en la complacencia. Estaremos en alerta permanente. Ésta es nuestra oportunidad."

El orgullo

Silke trabaja para el Ministerio de Cooperación del Reino Unido y ahora está destinada en Delhi. Gestiona los programas de salud en el área de Calcuta. Si me llevo algo de las historias sobre su trabajo que me cuenta en el jardín de su casa en el barrio diplomático de la ciudad mientras bebemos una cerveza es el sentido del orgullo de los indios contra el que Silke tiene que luchar en su día a día.

"En Nicaragua, para cada presupuesto, para cada proyecto tenía cola en la puerta. Aquí ofrezco un millón de libras para un programa contra el Sida y tengo que perseguir hasta la extenuación a políticos y gentes de la infraestructura sanitaria"

Políticos, empresarios y profesionales de la administración tienen otras prioridades. Trabajar para hacer crecer su país. Y se toman la ayuda externa, que tanto podría ser aprovechada, como una segunda prioridad. Un trasfondo de orgullo hilvana los argumentos que oye Silke ante los retrasos y falta de ideas y proyectos para su presupuesto que le lanzan sus interlocutores.

El orgullo es otro pilar que cimenta la construcción del desarrollo acelerado de la India.

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Casi 500 personas reunidas por una semana dos veces al año. El grupo se refuerza. Ricard lo llama "el espíritu de Hong Kong". Pero sobre eso (sobre Hong Kong, e incluso sobre su espíritu) podemos hablar otro día.




lunes, 27 de noviembre de 2006

Destino Lisboa


Hay ciudades contundentes y bellas a primera vista, que impactan y enamoran de inmediato. Hay ciudades de una sola dimensión, que son fáciles de comprender.

Lisboa no es ninguna de ellas.

Lisboa se bebe tacita a tacita. Se saborea con el tiempo porque cada sorbo se nota diferente. Cada día tiene un matiz especial o un rincón nuevo en el que no habías reparado antes.

Yo he aprendido a querer a Lisboa con los años. Como debe ser.





La versatilidad de Lisboa tal como se aprecia
desde las ventanas de la Rua das Chagas

Postdata: si alguien quiere versión electrónica full del Estambul de este súper collage que me lo diga y lo envio. Tiene la particularidad de haber sido elaborado artesanalemente por un servidor a las 7 de la mañana de hoy y a 10.000 metros de altura rumbo a la desembocadura del Tajo.