"Querido Álvaro:
Gracias por confiar de nuevo en mí, y en mi criterio (ya que uno y otro somos aliados).
Me ha gustado mucho el texto que me mandas. Como casi todo lo que te leo, es original, tiene fuerza y tiene personalidad. Sobre todo eso: tiene tu sello. Y tener sello es muy importante en esto de la escritura.
Como siempre (ya sabes, vengo de una escuela en la que por muy perfecto que sea algo, siempre se encuentran áreas de mejora), he hecho algunas correcciones. Usas mucho la coma como signo puntuación. ¿Es uso, o abuso?. A mi me va más el punto, ya lo sabes. Al menos, el punto y seguido. A veces el aparte también me apetece, pero menos. Será porque en el colegio no paraban de darme la lata con el rollo de las frases cortas, que lo explican todo más clarito. Yo, el punto. Tú, la coma. Yo, las decisiones temperamentales y definitivas. Tú, la pausa y la respuesta más meditada. Yo camino hacia lo irreversible. Tú avanzas tranquilo y paciente, dejando menos puertas cerradas a cal y canto.
En cualquier caso, a lo que iba. Creo que sería bueno que el tema de la puntuacion y de la longitud de las frases que utilizas lo comentaras con tu profesora. Que te diera su punto de vista tanto desde la vertiente de la corrección técnica como del estilo. Sácale un poco de juguillo individualizado a tu realidad. A tu escritura.
Sigue así. Persevera porque vas por buen camino.
Y no me malinterpretes. La coma tiene también su utilidad.
Siempre a tu disposición.
Recibe un fuerte abrazo"
martes, 20 de febrero de 2007
lunes, 12 de febrero de 2007
More than one hundred
"I know that I will cry when I have to go back to Chicago. I might be saying goodbye for ever to her". I listened with a smile to what Maria had to tell me about our grand mother.
************************************
She spent a chunk of her childhood going through illnesses. A doctor finally said to his father that he had to move her from the seaside. There was no drug that could save her in 1907. It worked. The medicine was a drier weather. The secret of her long life, she always reminded me, was to spend the nights with her windows open. Even during the coldest days of the winter. Who knows.
She now has 17 grandchildren and 14 great grand children (and two more –to my knowledge- that are coming).
She falls asleep on her chair, like a baby. Then she wakes up and asks for her favorite magazine because she wants to read.
- Do you know who I am – I say
- You are the oldest – she replies
- And what is my name?
- You are Luis.
And she falls asleep again.
************************************
"I take your point but I don't agree. Abuela's birthday should be a party to celebrate life. A party in which we all have fun and laugh. No room for cries."
Our grand mother is one hundred years and five days old today.
************************************
She spent a chunk of her childhood going through illnesses. A doctor finally said to his father that he had to move her from the seaside. There was no drug that could save her in 1907. It worked. The medicine was a drier weather. The secret of her long life, she always reminded me, was to spend the nights with her windows open. Even during the coldest days of the winter. Who knows.
She now has 17 grandchildren and 14 great grand children (and two more –to my knowledge- that are coming).
She falls asleep on her chair, like a baby. Then she wakes up and asks for her favorite magazine because she wants to read.
- Do you know who I am – I say
- You are the oldest – she replies
- And what is my name?
- You are Luis.
And she falls asleep again.
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"I take your point but I don't agree. Abuela's birthday should be a party to celebrate life. A party in which we all have fun and laugh. No room for cries."
Our grand mother is one hundred years and five days old today.
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Historias de personas
domingo, 4 de febrero de 2007
La fatiga del querer
Lérida, primavera de 1984
Enfundada en su chándal de diseño, tocados sus tobillos por calentadores de lana, al ritmo de las notas de Flashdance, la veía avanzar pedaleando su bicicleta por las calles de la ciudad.
Una tarde se detuvo en un jardín con nombre de músico y se encontró con él. No se lo esperaba, pero aquel tipo se sacó de la manga un taper lleno de fresas, su fruta favorita. Las primeras de la temporada. Su corazón se hinchó, y se dispuso a acomodar las imágenes del recuerdo de este encuentro en la zona más noble de su memoria. Se aseguró de que no las fuera a olvidar nunca. Él sabe que nunca lo ha hecho.
Siguieron los mejores momentos de su adolescencia, cuajados de torpes besos y caricias contra las paredes enmoquetadas del portal de su casa.
Barcelona, primavera de 1988
Querer fatiga. Querer y no ser correspondido mata de puro agotamiento. Los paseos por el barrio gótico se hacían interminables. Quería huir de la indeferencia que la niña ciclista proyectaba sobre él a cada paso. Pero pensar que si está cerca… si está cerca siempre podía haber una oportunidad.
Pero ese fin de semana, en Barcelona, no la hubo.
Siguieron decenas de notas escritas, miles de palabras sobre papel que se cruzaban cada mes por la autopista A2.
Lérida, primavera de 1992
"No te cases. Es el peor error que puedes cometer. Si quieres me voy yo contigo". Ese día no iba en chándal, ya no se desplazaba en bicicleta. Se había hecho mayor y sus palabras se habían vuelto sabias.
"Yo que sé. Yo me caso. Yo la quiero. Yo me voy. Yo quiero un futuro a su lado. Con ella no somos dos. Somos uno". Él no atendió a razones.
Siguieron años de alejamiento. De saber poco, o nada. De pensar a veces qué habrá sido de ella. Años de terror y de miedo.
Lisboa, primavera de 2006
"Esta caja esconde nuestra historia, nuestros secretos". Fueron sus palabras cuando al recibirla en Portugal le mostró a la ciclista de los calentadores una vieja caja de vinos cerrada a cal y canto. Eran las cartas de la A2. Habían sobrevivido al terror.
Juntos recordaron el pasado. Juntos escupieron sutiles reproches que llevaban amarrados al alma desde hacía mucho tiempo. Juntos hicieron pequeño aquel piso de Bordalo Pinheiro, que se achicaba a cada momento, con cada sonora carcajada. No pararon de reír en dos días. Y dejaron su sonido y sus pasos por las cuestas empedradas del Chiado.
Siguieron, qué caray, ya estamos en el siglo veintiuno, emails y llamadas al móvil al ritmo de un viento racheado, a veces tormentas de intercambios, en otras ocasiones tan sólo calma chicha. Cada uno en su lugar. Cada palabra tratando de taponar una herida.
Madrid, invierno de 2007
Exhaustos fueron a rendirse sobre una mesa de mármol del café de una bocacalle a dos pasitos de la Gran Vía. Aquel bar se llamaba Fatigas del Querer.
"Yo sueño mi futuro. Lo que me viene a la cabeza mientras duermo, luego se cumple". Ella teje sus proyectos en la cama y él quiere saber en qué soñó anoche.
"No te lo digo. Si no, se rompe la magia. Y el sueño no se cumple"
Pensando en sus sueños, viviendo de sus proyectos incumplidos, confiando en que por una vez sus ideas cambiarán en más de un gradito el rumbo de sus pasos, la niña de los calentadores madrugó para volar y volver al mar, a respirar sal. Mi niña no se ha dado cuenta de que desde donde está, no verá ponerse el sol sobre el horizonte del Mediterráneo. Yo ahora miro la puesta del sol sobre el mar, y ella el amanecer.
Enfundada en su chándal de diseño, tocados sus tobillos por calentadores de lana, al ritmo de las notas de Flashdance, la veía avanzar pedaleando su bicicleta por las calles de la ciudad.
Una tarde se detuvo en un jardín con nombre de músico y se encontró con él. No se lo esperaba, pero aquel tipo se sacó de la manga un taper lleno de fresas, su fruta favorita. Las primeras de la temporada. Su corazón se hinchó, y se dispuso a acomodar las imágenes del recuerdo de este encuentro en la zona más noble de su memoria. Se aseguró de que no las fuera a olvidar nunca. Él sabe que nunca lo ha hecho.
Siguieron los mejores momentos de su adolescencia, cuajados de torpes besos y caricias contra las paredes enmoquetadas del portal de su casa.
Barcelona, primavera de 1988
Querer fatiga. Querer y no ser correspondido mata de puro agotamiento. Los paseos por el barrio gótico se hacían interminables. Quería huir de la indeferencia que la niña ciclista proyectaba sobre él a cada paso. Pero pensar que si está cerca… si está cerca siempre podía haber una oportunidad.
Pero ese fin de semana, en Barcelona, no la hubo.
Siguieron decenas de notas escritas, miles de palabras sobre papel que se cruzaban cada mes por la autopista A2.
Lérida, primavera de 1992
"No te cases. Es el peor error que puedes cometer. Si quieres me voy yo contigo". Ese día no iba en chándal, ya no se desplazaba en bicicleta. Se había hecho mayor y sus palabras se habían vuelto sabias.
"Yo que sé. Yo me caso. Yo la quiero. Yo me voy. Yo quiero un futuro a su lado. Con ella no somos dos. Somos uno". Él no atendió a razones.
Siguieron años de alejamiento. De saber poco, o nada. De pensar a veces qué habrá sido de ella. Años de terror y de miedo.
Lisboa, primavera de 2006
"Esta caja esconde nuestra historia, nuestros secretos". Fueron sus palabras cuando al recibirla en Portugal le mostró a la ciclista de los calentadores una vieja caja de vinos cerrada a cal y canto. Eran las cartas de la A2. Habían sobrevivido al terror.
Juntos recordaron el pasado. Juntos escupieron sutiles reproches que llevaban amarrados al alma desde hacía mucho tiempo. Juntos hicieron pequeño aquel piso de Bordalo Pinheiro, que se achicaba a cada momento, con cada sonora carcajada. No pararon de reír en dos días. Y dejaron su sonido y sus pasos por las cuestas empedradas del Chiado.
Siguieron, qué caray, ya estamos en el siglo veintiuno, emails y llamadas al móvil al ritmo de un viento racheado, a veces tormentas de intercambios, en otras ocasiones tan sólo calma chicha. Cada uno en su lugar. Cada palabra tratando de taponar una herida.
Madrid, invierno de 2007
Exhaustos fueron a rendirse sobre una mesa de mármol del café de una bocacalle a dos pasitos de la Gran Vía. Aquel bar se llamaba Fatigas del Querer.
"Yo sueño mi futuro. Lo que me viene a la cabeza mientras duermo, luego se cumple". Ella teje sus proyectos en la cama y él quiere saber en qué soñó anoche.
"No te lo digo. Si no, se rompe la magia. Y el sueño no se cumple"
Pensando en sus sueños, viviendo de sus proyectos incumplidos, confiando en que por una vez sus ideas cambiarán en más de un gradito el rumbo de sus pasos, la niña de los calentadores madrugó para volar y volver al mar, a respirar sal. Mi niña no se ha dado cuenta de que desde donde está, no verá ponerse el sol sobre el horizonte del Mediterráneo. Yo ahora miro la puesta del sol sobre el mar, y ella el amanecer.
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miércoles, 31 de enero de 2007
Opinión, decisión y duda
"Dudar de todo es carecer de lo más precioso de la razón humana, que es el sentido común"
En algún lugar, en algún momento había leído estas palabras, que hace un rato volvían a mi mente.
No resisto a los seres humanos pusilánimes, invertebrados, carentes de opinión ante cualquier circunstancia.
Y sin embargo a veces las dudas me crucifican. Torpedean mi estado de ánimo en algunos momentos de decisiones cruciales. A veces, no hay vuelta atrás. Es precisamente en esos momentos, cuando tienes la sensación de que te juegas lo que más quieres.
Así, aguijoneado, me he sentido hoy mientras aceleraba el paso cuesta arriba por la calle Velázquez. La noche y el frío completaban un panorama desolador durante quinientos metros de paseo.
Por fortuna, el proceso de cuestionamiento es siempre el mismo. Dura lo justo. Y al torcer por general Oraá volví a avanzar resuelto, siguiendo el camino que me he marcado.
"Es menos malo agitarse en la duda que descansar en el error"
En algún lugar, en algún momento había leído estas palabras, que hace un rato volvían a mi mente.
No resisto a los seres humanos pusilánimes, invertebrados, carentes de opinión ante cualquier circunstancia.
Y sin embargo a veces las dudas me crucifican. Torpedean mi estado de ánimo en algunos momentos de decisiones cruciales. A veces, no hay vuelta atrás. Es precisamente en esos momentos, cuando tienes la sensación de que te juegas lo que más quieres.
Así, aguijoneado, me he sentido hoy mientras aceleraba el paso cuesta arriba por la calle Velázquez. La noche y el frío completaban un panorama desolador durante quinientos metros de paseo.
Por fortuna, el proceso de cuestionamiento es siempre el mismo. Dura lo justo. Y al torcer por general Oraá volví a avanzar resuelto, siguiendo el camino que me he marcado.
"Es menos malo agitarse en la duda que descansar en el error"
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lunes, 22 de enero de 2007
Diagnóstico certero
Ya en varias ocasiones se lo había dejado muy claro: "Tu estilo es hiperbólico". "Y además ciclotímico. Tus reacciones son exageradas en todos los sentidos".
Para alguien que piensa que el ideal de perfección reside en el equilibrio, que se fija como objetivo de vida alcanzar un centro estable permanente, esa crítica suponía un trago amargo. Y un pensamiento que iba camino de convertirse en obsesión.
Pero ahora ya no sólo había un reproche, sino dos. Una segunda losa sobre sus espaldas. Sabía que ese defecto estaba ahí. En realidad, basaba su supervivencia en su existencia. Pero que alguien se lo evidenciara era como incrementar en muchas toneladas el peso sobre su conciencia. "Tu corazón es de piedra". Y la piel de cerdo, pensó para sus adentros cuando escuchó esta segunda pieza del certero y cruel diagnóstico que le estaban realizando. Piel de cerdo. Caparazón de tortuga. Elementos que le habían permitido llegar con vida hasta el presente.
Ya eran muchos años intentando cambiar lo primero. Y demasiado dolor acumulado para tener la valentía de corregir lo segundo.
"Huye mientras puedas…". Fue su contestación, su reacción al oír esa maldita descripción. "…porque estoy en las mismitas puertas de la locura".
Para alguien que piensa que el ideal de perfección reside en el equilibrio, que se fija como objetivo de vida alcanzar un centro estable permanente, esa crítica suponía un trago amargo. Y un pensamiento que iba camino de convertirse en obsesión.
Pero ahora ya no sólo había un reproche, sino dos. Una segunda losa sobre sus espaldas. Sabía que ese defecto estaba ahí. En realidad, basaba su supervivencia en su existencia. Pero que alguien se lo evidenciara era como incrementar en muchas toneladas el peso sobre su conciencia. "Tu corazón es de piedra". Y la piel de cerdo, pensó para sus adentros cuando escuchó esta segunda pieza del certero y cruel diagnóstico que le estaban realizando. Piel de cerdo. Caparazón de tortuga. Elementos que le habían permitido llegar con vida hasta el presente.
Ya eran muchos años intentando cambiar lo primero. Y demasiado dolor acumulado para tener la valentía de corregir lo segundo.
"Huye mientras puedas…". Fue su contestación, su reacción al oír esa maldita descripción. "…porque estoy en las mismitas puertas de la locura".
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domingo, 21 de enero de 2007
El lenguaje secreto de las cosas
Tengo prohibido revelar los misterios que esconde su elaboración. Ni siquiera mi madre, mi maestra frente a los fogones, sabe las proporciones exactas. Su conocimiento se transmite por el medio oral y la práctica al alimón en sesiones continuas de formación en la cocina.
Sólo preparo las natillas de casa a la gente que quiero.
Metidos en la cocina, como en la vida, los manjares se construyen poco a poco. Los mejores a fuego lento. Con un buen chup chup. Y como sucede con muchas cosas del día a día, hay recetas que, sin necesidad de las palabras, son capaces de comunicar.
Las natillas nos hablan. Fíjate bien. Sólo hay que darles cariño constante mientras se cuecen: no parar de darles vueltas con la cuchara de palo. Si no, se pegan y se echan a perder. Pero a cambio nos dicen cuando están listas. ¿Lo ves?. Cuando la telilla blanca que las recubre desaparece es momento de retirarlas del fuego.
Cada cosa tiene su lenguaje. ¿No te das cuenta?. A veces no te hablo, pero te estoy diciendo muchas cosas.
Sólo preparo las natillas de casa a la gente que quiero.
Metidos en la cocina, como en la vida, los manjares se construyen poco a poco. Los mejores a fuego lento. Con un buen chup chup. Y como sucede con muchas cosas del día a día, hay recetas que, sin necesidad de las palabras, son capaces de comunicar.
Las natillas nos hablan. Fíjate bien. Sólo hay que darles cariño constante mientras se cuecen: no parar de darles vueltas con la cuchara de palo. Si no, se pegan y se echan a perder. Pero a cambio nos dicen cuando están listas. ¿Lo ves?. Cuando la telilla blanca que las recubre desaparece es momento de retirarlas del fuego.
Cada cosa tiene su lenguaje. ¿No te das cuenta?. A veces no te hablo, pero te estoy diciendo muchas cosas.
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Historias de personas
miércoles, 17 de enero de 2007
La cárcel
La imagen que tengo de una celda es la de un lugar oscuro y húmedo. Sobre todo húmedo.
Al margen de la visión desagradable del espacio físico que nos componemos en la cabeza, todos vivimos, en mayor o menor medida, en una celda permanente. Esta cárcel tiene la forma de ataduras emocionales más o menos explicitadas de las que todos somos objeto, de controles a los que nos someten las personas que nos rodean. Viene determinada por el estrecho margen de libertad de actuación del que a veces disponemos para tomar determinadas decisiones. Son restricciones diarias que cuando se convierten en rutina se vuelven asfixiantes. Son fríos tubos de metal que nos rodean, que están ahí aunque no los veamos y que están presentes en todos los ámbitos de nuestra vida.
Recuerdo una ocasión en el que en una compañía que factura casi 60 millones de euros al año se retrasó una decisión que implicaba un coste de 15.000 euros porque el director pidió que se recabara la opinión de un sinnúmero de ejecutivos. La espera tuvo sus consecuencias, y el problema que se trataba de solucionar se demoró por muchos más meses. Tener una responsabilidad (personal o profesional) y estar sujeto a un control sin sentido es estar encerrado en una cárcel.
El control gratuito, que no responde a nada, a ninguna necesidad real o práctica. La falta de confianza (muchas veces sin fundamento). La obligación perpetua a satisfacer, sí o sí, a los que nos rodean. Son el hormigón sobre el que día a día se van erigiendo los barrotes de acero que nos introducen en la oscuridad. Que nos hacen menos libres. Que nos ahogan. Que nos roban la felicidad.
A veces hay que parar y dar un grito. Y hacer que el sol entre con fuerza en nuestro cubículo carcelario. Eliminar la oscuridad. Y conseguir que el calor de sus rayos fulmine la humedad permanente que se cuela y que cala nuestras vidas. Es sano hacerlo.
Al margen de la visión desagradable del espacio físico que nos componemos en la cabeza, todos vivimos, en mayor o menor medida, en una celda permanente. Esta cárcel tiene la forma de ataduras emocionales más o menos explicitadas de las que todos somos objeto, de controles a los que nos someten las personas que nos rodean. Viene determinada por el estrecho margen de libertad de actuación del que a veces disponemos para tomar determinadas decisiones. Son restricciones diarias que cuando se convierten en rutina se vuelven asfixiantes. Son fríos tubos de metal que nos rodean, que están ahí aunque no los veamos y que están presentes en todos los ámbitos de nuestra vida.
Recuerdo una ocasión en el que en una compañía que factura casi 60 millones de euros al año se retrasó una decisión que implicaba un coste de 15.000 euros porque el director pidió que se recabara la opinión de un sinnúmero de ejecutivos. La espera tuvo sus consecuencias, y el problema que se trataba de solucionar se demoró por muchos más meses. Tener una responsabilidad (personal o profesional) y estar sujeto a un control sin sentido es estar encerrado en una cárcel.
El control gratuito, que no responde a nada, a ninguna necesidad real o práctica. La falta de confianza (muchas veces sin fundamento). La obligación perpetua a satisfacer, sí o sí, a los que nos rodean. Son el hormigón sobre el que día a día se van erigiendo los barrotes de acero que nos introducen en la oscuridad. Que nos hacen menos libres. Que nos ahogan. Que nos roban la felicidad.
A veces hay que parar y dar un grito. Y hacer que el sol entre con fuerza en nuestro cubículo carcelario. Eliminar la oscuridad. Y conseguir que el calor de sus rayos fulmine la humedad permanente que se cuela y que cala nuestras vidas. Es sano hacerlo.
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Empresa y sentimiento
miércoles, 10 de enero de 2007
El tren
Hay trenes que pasan y hay trenes que se cogen. O que no.
Hay vías alternativas y cambios de aguja que se pueden accionar. O no.
Pero él no parecía tener claro que hay dónde elegir. Era demasiado tiempo con la misma persona, con la misma rutina, en la misma casa. Un hábil lazo amarró su corazón. Los intereses materiales puestos en común hicieron el resto del trabajo.
Hace unas semanas el ordenador había escupido mierda. El maldito aparato vomitó pesadillas y engaños que le salpicaron toda esa ropa que, como siempre, había seleccionado con sumo cuidado al objeto de proyectar en el espejo una imagen perfecta.
Se sintió sucio, manchado, asquerosamente pestilente. Apretó los dientes, gritó, lloró a moco tendido. Clavó sus uñas en la base mullida de su silla, casi desgarrando el asiento del vagón que le transportaba. Se sintió vacío. Como ido. Ausente.
Hasta ese día había viajado (más o menos) cómodo en su tren, aposentado en su butaca de primera clase. Pero la convulsión informática le hizo alcanzar el timbre de emergencia y el convoy aminoró su velocidad. Saltó decidido del vagón y dio unos pasos en tierra firme. Voló. Por unos días cambió de continente. Respiró aire nuevo y puro. Pero la locomotora no estaba dispuesta a perder a este pasajero. Y probablemente tampoco a muchos otros. Se mantuvo casi detenida observándole caminar, estirarse, respirar profundamente. Al acecho.
Echó la vista atrás y, en ese momento, no vio ningún otro convoy a la vista. Se asustó. Pensó en la soledad. Las mejores imágenes a todo color y alta definición de los ratos agradables pasados durante su viaje acribillaron sin piedad alguna su pensamiento.
Él no lo sabe, pero el pánico le atenaza tanto el cerebro como el lazo su corazón. Y nunca nadie le ha regalado unos prismáticos que le permitan ver que sí, que desde allá, desde el lejano horizonte se aproximan otros caballos de acero. Que hay alternativas, que hay un mundo donde elegir.
Ya ha puesto un pie en la escalerilla que le ha de devolver a su vagón.
A 10 de enero de 2007, sobrevolando el manto blanco de los Alpes.
Hay vías alternativas y cambios de aguja que se pueden accionar. O no.
Pero él no parecía tener claro que hay dónde elegir. Era demasiado tiempo con la misma persona, con la misma rutina, en la misma casa. Un hábil lazo amarró su corazón. Los intereses materiales puestos en común hicieron el resto del trabajo.
Hace unas semanas el ordenador había escupido mierda. El maldito aparato vomitó pesadillas y engaños que le salpicaron toda esa ropa que, como siempre, había seleccionado con sumo cuidado al objeto de proyectar en el espejo una imagen perfecta.
Se sintió sucio, manchado, asquerosamente pestilente. Apretó los dientes, gritó, lloró a moco tendido. Clavó sus uñas en la base mullida de su silla, casi desgarrando el asiento del vagón que le transportaba. Se sintió vacío. Como ido. Ausente.
Hasta ese día había viajado (más o menos) cómodo en su tren, aposentado en su butaca de primera clase. Pero la convulsión informática le hizo alcanzar el timbre de emergencia y el convoy aminoró su velocidad. Saltó decidido del vagón y dio unos pasos en tierra firme. Voló. Por unos días cambió de continente. Respiró aire nuevo y puro. Pero la locomotora no estaba dispuesta a perder a este pasajero. Y probablemente tampoco a muchos otros. Se mantuvo casi detenida observándole caminar, estirarse, respirar profundamente. Al acecho.
Echó la vista atrás y, en ese momento, no vio ningún otro convoy a la vista. Se asustó. Pensó en la soledad. Las mejores imágenes a todo color y alta definición de los ratos agradables pasados durante su viaje acribillaron sin piedad alguna su pensamiento.
Él no lo sabe, pero el pánico le atenaza tanto el cerebro como el lazo su corazón. Y nunca nadie le ha regalado unos prismáticos que le permitan ver que sí, que desde allá, desde el lejano horizonte se aproximan otros caballos de acero. Que hay alternativas, que hay un mundo donde elegir.
Ya ha puesto un pie en la escalerilla que le ha de devolver a su vagón.
A 10 de enero de 2007, sobrevolando el manto blanco de los Alpes.
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Historias de personas
viernes, 5 de enero de 2007
Artículo sobre la India
Es un poco largo pero ha gustado. Así que lo copio aquí.
El mes pasado me pidieron que escribiera un artículo sobre el viaje de noviembre a la India para la revista de comunicación interna de nuestras oficinas de Madrid, Barcelona y Lisboa. Cogí algunos retales de texto de los dos post que escribí en su día sobre el tema. Lo que salió publicado es lo que viene a continuación.
****************
OBSERVACIONES SOBRE LA INDIA
5 reflexiones desde Delhi
El shock
Los vuelos que llegan del occidente desarrollado suelen llegar a Delhi de madrugada, a eso de las 2. Pero el camino a la ciudad, por una destartalada autopista, es un purito atasco. De camiones que se deshacen y evolucionan de manera desordenada en medio de un vapor contaminado y sucio. Cierras los ojos, vuelves a abrirlos y piensas que te han trasladado al escenario de una película ambientada tras una hecatombe nuclear.
La exposición continuada a la realidad de la India durante las primeras 24 horas te sume en un estado de shock.
300 millones de personas viven en el umbral de la supervivencia (que no de la pobreza). 300 millones. Los rostros, los ademanes de los que forman ese grupo y ves tras el cristal de tu vehículo reflejan la desesperanza que provoca una situación en la que si te falta un dólar al mes te mueres de hambre. Gente tirada, viviendo en medio de la basura y del barro, meando o cagando entre las vacas. Y es que la desesperanza produce indignidad. Falta de dignidad para 300 millones de personas.
A las 24 horas, con la retina ahíta de imágenes de pobreza y dolor, llega el aturdimiento. Hay quien no lo supera y no vuelve jamás a la India. Otros logran reponerse a tiempo para absorber todo lo que este continente ofrece al visitante.
La India espera.
El caos
Yo ya me refiero a ella directamente por su expresión abreviada.La contundente realidad física de una ciudad que parece caerse a cachos se alía con la comodidad de un nombre más corto. Nueva Delhi está perdiendo la primera parte de su denominación.El camino entre Delhi y Agra, la ciudad del Taj Mahal, se extiende a lo largo de 200 km. Recorrerlo es una aventura de casi 4 horas si se tiene suerte con el tráfico.Keke es mi conductor. Es un chófer del Alto Comisionado británico en Delhi, no ha tenido ni un sólo accidente en los 26 años que lleva de profesión al volante y es, además, una persona de bien que responde cándidamente a mis preguntas.- ¿Por qué no te paras en los semáforos en rojo?- Señor, si me paro en algunos de ellos, creo un problema de tráfico porque confundo al resto de los conductores. Algunos semáforos ya sólo están rojos o verdes de forma permanente.Las líneas pintadas sobre el asfalto de calles y carreteras también están agotadas. Nadie les hace caso. Son lo de menos. En la autopista de dos carriles circulan a veces 4 vehículos en paralelo con total normalidad. En ocasiones, el desprecio por la señalización va más allá y te encuentras un tractor o un carro tirado por camellos en contradirección circulando por el carril rápido. El Ministerio responsable de las carreteras indias avisa de forma desesperada en los carteles "Lane driving is safe driving". No importa. Es inútil. En la India, la excepción a veces parece la regla.
La reforma
El hombre que determina la política económica de 1.100 millones de personas de nuestro planeta se dirige a nosotros. El Ministro de Finanzas de la India es un hombre de discurso pausado y claro.Las reformas y el proceso de liberalización de los mercados en la India se iniciaron en 1991, y desde entonces, de forma lenta pero inexorable están sacando a millones de personas de la pobreza.Pero queda mucho por hacer. Por ello se abre el debate sobre la velocidad de las reformas.Sin embargo, la India quiere seguir siendo una democracia. En un país con 24 estados, 17 lenguas y siete religiones el consenso es difícil, pero se consigue a base de hacer más lento el proceso. Están dispuestos a hacer el sacrificio. La coalición gobernante la forman 24 partidos diferentes.Ante una pregunta capciosa el Ministro no duda. "Prefiero hacer una autopista un kilómetro más larga si es necesario para preservar las tumbas de los ancestros de un pueblo por el que tiene que pasar la construcción".Arranca una ovación. El proceso de reforma y de progreso en la India es moderado pero está vivo y tiene el talante de perpetuarse, porque es consensuado, y va devolviendo la esperanza perdida a millones de indios cada año.
Sí, definitivamente. En la India todavía hay margen para la esperanza, aunque muchos de los que ahí viven todavía no lo saben.
La complacencia
Qué palabra. A mí me ha llamado la atención escucharla tan frecuentemente y pronunciada por tan diversas personas en la India. En realidad oigo "Complacency". Una acepción que, tras un pequeño análisis semántico, descubro tiene matices diferentes en inglés y en español. A feeling of contentment or self-satisfaction, especially when coupled with an unawareness of danger, trouble, or controversy.
Políticos, emprendedores, ejecutivos de multinacionales a quienes tuvimos la oportunidad de conocer lo tienen muy claro: la complacencia es el mayor riesgo del éxito.
Del éxito de, por fin, alcanzar tasas de crecimiento económico similares a las de China, en el entorno del 10%, en un contexto igualmente gigantesco pero construido sobre una democracia. Del éxito de comenzar las grandes empresas indias a conquistar el resto del mundo a base de operaciones corporativas. Del éxito de haber desarrollado industrias nuevas de tecnologías de la información, de gestión del conocimiento, de servicios empresariales, creando un modelo de desarrollo con sólidos fundamentos.
Vertex es una de estas compañías que puede ofrecer a las empresas occidentales cualquier tipo de servicio profesional. Desde temas más mecánicos como la gestión y operación de call centers al análisis de mercados. No se trata de un arbitraje puro y burdo de diferencia de costes salariales. La estrategia de estas empresas va hoy más allá. No es off-shoring. Es right-shoring: algunas operaciones alejadas, otras más cerca (near-shoring) en países del Este europeo, y otras más incluso al lado nuestro (on-shoring). El mix más adecuado para cada necesidad. Todo gestionado por empresas indias, que expanden su manto de actividad por medio mundo. Sus empleados no están enterrados en una inmensa pradera del sótano de un oscuro edificio. No. Las plantas donde trabajan son de diseño, tienen vistas y nos superan con creces en sus posibilidades de ocio: además de futbolín tienen billar y ping pong. Hoy trabajan en este tipo de compañías casi medio millón de personas. Una industria creada de la nada.
Ariz Premji recorre la historia de otro éxito, el de su propia compañía: en sus orígenes una pequeña planta de aceite vegetal, convertida hoy en un gigante mundial de las tecnologías de la información (Wipro) que incluso cotiza en la bolsa de Nueva York. Ariz está considerado por el Financial Times una de las 25 personas más influyentes del mundo. Sus palabras son claras, directas, trufadas de fuertes opiniones pero firmemente ancladas a un estilo de expresión alejado de la prepotencia.
"No vamos a caer en la complacencia. Estaremos en alerta permanente. Ésta es nuestra oportunidad."
El orgullo
Silke trabaja para el Ministerio de Cooperación del Reino Unido y ahora está destinada en Delhi. Gestiona los programas de salud en el área de Calcuta. Si me llevo algo de las historias sobre su trabajo que me cuenta en el jardín de su casa en el barrio diplomático de la ciudad mientras bebemos una cerveza es el sentido del orgullo de los indios contra el que Silke tiene que luchar en su día a día.
"En Nicaragua, para cada presupuesto, para cada proyecto tenía cola en la puerta. Aquí ofrezco un millón de libras para un programa contra el Sida y tengo que perseguir hasta la extenuación a políticos y gentes de la infraestructura sanitaria"
Políticos, empresarios y profesionales de la administración tienen otras prioridades. Trabajar para hacer crecer su país. Y se toman la ayuda externa, que tanto podría ser aprovechada, como una segunda prioridad. Un trasfondo de orgullo hilvana los argumentos que oye Silke ante los retrasos y falta de ideas y proyectos para su presupuesto que le lanzan sus interlocutores.
El orgullo es otro pilar que cimenta la construcción del desarrollo acelerado de la India.
*******************
Casi 500 personas reunidas por una semana dos veces al año. El grupo se refuerza. Ricard lo llama "el espíritu de Hong Kong". Pero sobre eso (sobre Hong Kong, e incluso sobre su espíritu) podemos hablar otro día.
El mes pasado me pidieron que escribiera un artículo sobre el viaje de noviembre a la India para la revista de comunicación interna de nuestras oficinas de Madrid, Barcelona y Lisboa. Cogí algunos retales de texto de los dos post que escribí en su día sobre el tema. Lo que salió publicado es lo que viene a continuación.
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OBSERVACIONES SOBRE LA INDIA
5 reflexiones desde Delhi
El shock
Los vuelos que llegan del occidente desarrollado suelen llegar a Delhi de madrugada, a eso de las 2. Pero el camino a la ciudad, por una destartalada autopista, es un purito atasco. De camiones que se deshacen y evolucionan de manera desordenada en medio de un vapor contaminado y sucio. Cierras los ojos, vuelves a abrirlos y piensas que te han trasladado al escenario de una película ambientada tras una hecatombe nuclear.
La exposición continuada a la realidad de la India durante las primeras 24 horas te sume en un estado de shock.
300 millones de personas viven en el umbral de la supervivencia (que no de la pobreza). 300 millones. Los rostros, los ademanes de los que forman ese grupo y ves tras el cristal de tu vehículo reflejan la desesperanza que provoca una situación en la que si te falta un dólar al mes te mueres de hambre. Gente tirada, viviendo en medio de la basura y del barro, meando o cagando entre las vacas. Y es que la desesperanza produce indignidad. Falta de dignidad para 300 millones de personas.
A las 24 horas, con la retina ahíta de imágenes de pobreza y dolor, llega el aturdimiento. Hay quien no lo supera y no vuelve jamás a la India. Otros logran reponerse a tiempo para absorber todo lo que este continente ofrece al visitante.
La India espera.
El caos
Yo ya me refiero a ella directamente por su expresión abreviada.La contundente realidad física de una ciudad que parece caerse a cachos se alía con la comodidad de un nombre más corto. Nueva Delhi está perdiendo la primera parte de su denominación.El camino entre Delhi y Agra, la ciudad del Taj Mahal, se extiende a lo largo de 200 km. Recorrerlo es una aventura de casi 4 horas si se tiene suerte con el tráfico.Keke es mi conductor. Es un chófer del Alto Comisionado británico en Delhi, no ha tenido ni un sólo accidente en los 26 años que lleva de profesión al volante y es, además, una persona de bien que responde cándidamente a mis preguntas.- ¿Por qué no te paras en los semáforos en rojo?- Señor, si me paro en algunos de ellos, creo un problema de tráfico porque confundo al resto de los conductores. Algunos semáforos ya sólo están rojos o verdes de forma permanente.Las líneas pintadas sobre el asfalto de calles y carreteras también están agotadas. Nadie les hace caso. Son lo de menos. En la autopista de dos carriles circulan a veces 4 vehículos en paralelo con total normalidad. En ocasiones, el desprecio por la señalización va más allá y te encuentras un tractor o un carro tirado por camellos en contradirección circulando por el carril rápido. El Ministerio responsable de las carreteras indias avisa de forma desesperada en los carteles "Lane driving is safe driving". No importa. Es inútil. En la India, la excepción a veces parece la regla.
La reforma
El hombre que determina la política económica de 1.100 millones de personas de nuestro planeta se dirige a nosotros. El Ministro de Finanzas de la India es un hombre de discurso pausado y claro.Las reformas y el proceso de liberalización de los mercados en la India se iniciaron en 1991, y desde entonces, de forma lenta pero inexorable están sacando a millones de personas de la pobreza.Pero queda mucho por hacer. Por ello se abre el debate sobre la velocidad de las reformas.Sin embargo, la India quiere seguir siendo una democracia. En un país con 24 estados, 17 lenguas y siete religiones el consenso es difícil, pero se consigue a base de hacer más lento el proceso. Están dispuestos a hacer el sacrificio. La coalición gobernante la forman 24 partidos diferentes.Ante una pregunta capciosa el Ministro no duda. "Prefiero hacer una autopista un kilómetro más larga si es necesario para preservar las tumbas de los ancestros de un pueblo por el que tiene que pasar la construcción".Arranca una ovación. El proceso de reforma y de progreso en la India es moderado pero está vivo y tiene el talante de perpetuarse, porque es consensuado, y va devolviendo la esperanza perdida a millones de indios cada año.
Sí, definitivamente. En la India todavía hay margen para la esperanza, aunque muchos de los que ahí viven todavía no lo saben.
La complacencia
Qué palabra. A mí me ha llamado la atención escucharla tan frecuentemente y pronunciada por tan diversas personas en la India. En realidad oigo "Complacency". Una acepción que, tras un pequeño análisis semántico, descubro tiene matices diferentes en inglés y en español. A feeling of contentment or self-satisfaction, especially when coupled with an unawareness of danger, trouble, or controversy.
Políticos, emprendedores, ejecutivos de multinacionales a quienes tuvimos la oportunidad de conocer lo tienen muy claro: la complacencia es el mayor riesgo del éxito.
Del éxito de, por fin, alcanzar tasas de crecimiento económico similares a las de China, en el entorno del 10%, en un contexto igualmente gigantesco pero construido sobre una democracia. Del éxito de comenzar las grandes empresas indias a conquistar el resto del mundo a base de operaciones corporativas. Del éxito de haber desarrollado industrias nuevas de tecnologías de la información, de gestión del conocimiento, de servicios empresariales, creando un modelo de desarrollo con sólidos fundamentos.
Vertex es una de estas compañías que puede ofrecer a las empresas occidentales cualquier tipo de servicio profesional. Desde temas más mecánicos como la gestión y operación de call centers al análisis de mercados. No se trata de un arbitraje puro y burdo de diferencia de costes salariales. La estrategia de estas empresas va hoy más allá. No es off-shoring. Es right-shoring: algunas operaciones alejadas, otras más cerca (near-shoring) en países del Este europeo, y otras más incluso al lado nuestro (on-shoring). El mix más adecuado para cada necesidad. Todo gestionado por empresas indias, que expanden su manto de actividad por medio mundo. Sus empleados no están enterrados en una inmensa pradera del sótano de un oscuro edificio. No. Las plantas donde trabajan son de diseño, tienen vistas y nos superan con creces en sus posibilidades de ocio: además de futbolín tienen billar y ping pong. Hoy trabajan en este tipo de compañías casi medio millón de personas. Una industria creada de la nada.
Ariz Premji recorre la historia de otro éxito, el de su propia compañía: en sus orígenes una pequeña planta de aceite vegetal, convertida hoy en un gigante mundial de las tecnologías de la información (Wipro) que incluso cotiza en la bolsa de Nueva York. Ariz está considerado por el Financial Times una de las 25 personas más influyentes del mundo. Sus palabras son claras, directas, trufadas de fuertes opiniones pero firmemente ancladas a un estilo de expresión alejado de la prepotencia.
"No vamos a caer en la complacencia. Estaremos en alerta permanente. Ésta es nuestra oportunidad."
El orgullo
Silke trabaja para el Ministerio de Cooperación del Reino Unido y ahora está destinada en Delhi. Gestiona los programas de salud en el área de Calcuta. Si me llevo algo de las historias sobre su trabajo que me cuenta en el jardín de su casa en el barrio diplomático de la ciudad mientras bebemos una cerveza es el sentido del orgullo de los indios contra el que Silke tiene que luchar en su día a día.
"En Nicaragua, para cada presupuesto, para cada proyecto tenía cola en la puerta. Aquí ofrezco un millón de libras para un programa contra el Sida y tengo que perseguir hasta la extenuación a políticos y gentes de la infraestructura sanitaria"
Políticos, empresarios y profesionales de la administración tienen otras prioridades. Trabajar para hacer crecer su país. Y se toman la ayuda externa, que tanto podría ser aprovechada, como una segunda prioridad. Un trasfondo de orgullo hilvana los argumentos que oye Silke ante los retrasos y falta de ideas y proyectos para su presupuesto que le lanzan sus interlocutores.
El orgullo es otro pilar que cimenta la construcción del desarrollo acelerado de la India.
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Casi 500 personas reunidas por una semana dos veces al año. El grupo se refuerza. Ricard lo llama "el espíritu de Hong Kong". Pero sobre eso (sobre Hong Kong, e incluso sobre su espíritu) podemos hablar otro día.
miércoles, 3 de enero de 2007
Historias del oeste americano
- Arantza, que sepas que yo para la poesía soy muy torpe, que no llego a la tercera derivada.
- De verdad, te digo que es clarita y directa, ya lo verás.
Frente a un enorme e inacabado plato de spaghetti en el centro comercial de Saldanha en Lisboa decidí que podía enfrentarme, por primera vez desde hace muchos años, a la lectura de una obra de poesía. Tenía cabeza de turco a mano para quejarme en caso de que se me diera mal: su autora.
Clarita y directa. Imágenes poéticas muy nítidas, sentencia ante mí otro de sus lectores. Y cercanas, diría yo. Pero no es todo esto lo que más me ha llamado la atención, lo que me ha venido a la mente tras cerrar la contraportada al arribar al punto y final de la página 60.
De "La senda de los cactus" me he llevado historias que pudieron ser y no fueron. De arrepentimientos y miedos. De desilusiones y mentiras. Y da igual que el verbo sea triste y el adjetivo doloroso. Que el último verso transmita regusto amargo. Con lo que me he quedado es con la tranquilidad, con la convicción de que detrás de esas experiencias hay sabiduría y margen para algo mejor. Un año de tu vida con algunos tropiezos pero de balance positivo.
En otros ratos de su vida Arantza es una ejecutiva, ahora desplazada a Lisboa para llevar a cabo (si la dejan) un proyecto sumamente interesantede de integración de compañías. Al final va a resultar que empresa y poesía no son agua y aceite. Va a resultar que sí mezclan.
Enhorabuena.
- De verdad, te digo que es clarita y directa, ya lo verás.
Frente a un enorme e inacabado plato de spaghetti en el centro comercial de Saldanha en Lisboa decidí que podía enfrentarme, por primera vez desde hace muchos años, a la lectura de una obra de poesía. Tenía cabeza de turco a mano para quejarme en caso de que se me diera mal: su autora.
Clarita y directa. Imágenes poéticas muy nítidas, sentencia ante mí otro de sus lectores. Y cercanas, diría yo. Pero no es todo esto lo que más me ha llamado la atención, lo que me ha venido a la mente tras cerrar la contraportada al arribar al punto y final de la página 60.
De "La senda de los cactus" me he llevado historias que pudieron ser y no fueron. De arrepentimientos y miedos. De desilusiones y mentiras. Y da igual que el verbo sea triste y el adjetivo doloroso. Que el último verso transmita regusto amargo. Con lo que me he quedado es con la tranquilidad, con la convicción de que detrás de esas experiencias hay sabiduría y margen para algo mejor. Un año de tu vida con algunos tropiezos pero de balance positivo.
En otros ratos de su vida Arantza es una ejecutiva, ahora desplazada a Lisboa para llevar a cabo (si la dejan) un proyecto sumamente interesantede de integración de compañías. Al final va a resultar que empresa y poesía no son agua y aceite. Va a resultar que sí mezclan.
Enhorabuena.
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sábado, 23 de diciembre de 2006
Arriba y abajo
Ella sabía que andaba desbocada por el trapecio. Que había subido muy alto. Y que no había red. Que allá abajo no se veía una malla tupida, como la densa telaraña del metro de París, o incluso del de Madrid. Sabía que la hostia iba a ser monumental. Pero no le importaba.
Escalón a escalón había llegado arriba. Muy arriba. Como nunca jamás. Palabra a palabra. Ilusión a ilusión. A base de roces falsamente fortuitos al principio. Caricias después. Abrazos desesperados últimamente.
Se enganchó a él pensando que así nada les separaría. Ideando planes para toda la vida. Ocupando su cerebro permanentemente con sus imágenes. Sintiendo sobre la piel sus manos en todo momento. Construyendo precipitadamente un álbum de recuerdos con todos los sitios por los que habían pasado.
- Dime una huachafería por favor, aunque sea la última.
No hubo contestación.
La hostia fue monumental.
Escalón a escalón había llegado arriba. Muy arriba. Como nunca jamás. Palabra a palabra. Ilusión a ilusión. A base de roces falsamente fortuitos al principio. Caricias después. Abrazos desesperados últimamente.
Se enganchó a él pensando que así nada les separaría. Ideando planes para toda la vida. Ocupando su cerebro permanentemente con sus imágenes. Sintiendo sobre la piel sus manos en todo momento. Construyendo precipitadamente un álbum de recuerdos con todos los sitios por los que habían pasado.
- Dime una huachafería por favor, aunque sea la última.
No hubo contestación.
La hostia fue monumental.
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Pedazo de año
Infierno y paraíso.
Guerra y paz.
Bofetadas y caricias.
Pequeños enemigos, grandes amigos.
Drama y comedia.
Piscina de lágrimas, mar de esperanza.
Del derecho y del revés.
Fantasmas en la cabeza, mariposas en la tripa
Oscuridad y luz.
Año montaña rusa.
Ha valido la pena.
Pedazo de 2006.
Guerra y paz.
Bofetadas y caricias.
Pequeños enemigos, grandes amigos.
Drama y comedia.
Piscina de lágrimas, mar de esperanza.
Del derecho y del revés.
Fantasmas en la cabeza, mariposas en la tripa
Oscuridad y luz.
Año montaña rusa.
Ha valido la pena.
Pedazo de 2006.
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viernes, 15 de diciembre de 2006
La otra cara de las cosas
I
Llega el final de año y es inevitable. Miramos (algunos de reojo) hacia atrás. Nos gusta hacer balance. Y también hacernos promesas con la vista puesta en el año que entra.
Al final todo se resume (o debería resumirse) en un criterio. En una única vara de medir el año. Esa unidad de medida se llama felicidad.
II
En las escuelas de negocios se enseña con profusión y se aplica en la teoría de algún lejano ejemplo, se sintetizan sus resultados y se extraen conclusiones de artificio: me refiero a una herramienta paradigmática de las clases de estrategia, el análisis DAFO. Los alumnos se esmeran en identificar las Debilidades, las Amenazas, las Fortalezas, las Debilidades de una compañía ficticia. Pero ellos lo viven como si fuera de verdad.
Como ejercicio intelectual no está mal. Puede ayudar a ordenar las ideas. Pero enseguida nos damos cuenta de que muchas fortalezas son simples lados positivos de debilidades, que muchas amenazas son lados oscuros de oportunidades que en realidad existen y arrojan luz. Los inconvenientes son la cara oculta y simétrica de los ventajas.
Cuando en el mundo de la realidad empresarial te enredas con el DAFO te puedes introducir en una tormenta conceptual. Sólo hay que darle una vuelta de tuerca a la debilidad para convertirla en fortaleza. Una amenaza se puede metamorfosear, con un poco de creatividad, en una oportunidad salvadora.
III
En diciembre miramos hacia atrás y nos preguntamos, ¿Qué es en realidad la felicidad?
No es mi intención banalizar ni simplificar en exceso una cuestión sobre la que se han escrito millones de páginas. No. Pero como me gusta huir de los largos tratados y aproximarme a los temas por la vía de las soluciones ejecutivas, al punto, exprés, lanzo aquí una idea simple que aprendí de un psiquiatra americano.
La felicidad es distancia.
La felicidad es el trayecto que existe entre lo que nos ocurre y lo que nos afecta. Si somos capaces de dominar el mecanismo por el cual lo que nos sucede y lo que acontece a nuestro alrededor impacta en nosotros, tendremos una de las claves fundamentales de la felicidad. La cuestión es maximizar el efecto en nosotros de lo bueno que nos ocurre y minimizar, sino anular, la proyección de lo malo sobre nosotros. O mejor: extraer cosas buenas de lo malo (que siempre las hay) y meterlas en la maleta. Extraer de la amenaza una oportunidad. Transformar una debilidad en una fortaleza.
Como hacen los alumnos aspirantes a empresarios de pro.
¿A que parece fácil?
Llega el final de año y es inevitable. Miramos (algunos de reojo) hacia atrás. Nos gusta hacer balance. Y también hacernos promesas con la vista puesta en el año que entra.
Al final todo se resume (o debería resumirse) en un criterio. En una única vara de medir el año. Esa unidad de medida se llama felicidad.
II
En las escuelas de negocios se enseña con profusión y se aplica en la teoría de algún lejano ejemplo, se sintetizan sus resultados y se extraen conclusiones de artificio: me refiero a una herramienta paradigmática de las clases de estrategia, el análisis DAFO. Los alumnos se esmeran en identificar las Debilidades, las Amenazas, las Fortalezas, las Debilidades de una compañía ficticia. Pero ellos lo viven como si fuera de verdad.
Como ejercicio intelectual no está mal. Puede ayudar a ordenar las ideas. Pero enseguida nos damos cuenta de que muchas fortalezas son simples lados positivos de debilidades, que muchas amenazas son lados oscuros de oportunidades que en realidad existen y arrojan luz. Los inconvenientes son la cara oculta y simétrica de los ventajas.
Cuando en el mundo de la realidad empresarial te enredas con el DAFO te puedes introducir en una tormenta conceptual. Sólo hay que darle una vuelta de tuerca a la debilidad para convertirla en fortaleza. Una amenaza se puede metamorfosear, con un poco de creatividad, en una oportunidad salvadora.
III
En diciembre miramos hacia atrás y nos preguntamos, ¿Qué es en realidad la felicidad?
No es mi intención banalizar ni simplificar en exceso una cuestión sobre la que se han escrito millones de páginas. No. Pero como me gusta huir de los largos tratados y aproximarme a los temas por la vía de las soluciones ejecutivas, al punto, exprés, lanzo aquí una idea simple que aprendí de un psiquiatra americano.
La felicidad es distancia.
La felicidad es el trayecto que existe entre lo que nos ocurre y lo que nos afecta. Si somos capaces de dominar el mecanismo por el cual lo que nos sucede y lo que acontece a nuestro alrededor impacta en nosotros, tendremos una de las claves fundamentales de la felicidad. La cuestión es maximizar el efecto en nosotros de lo bueno que nos ocurre y minimizar, sino anular, la proyección de lo malo sobre nosotros. O mejor: extraer cosas buenas de lo malo (que siempre las hay) y meterlas en la maleta. Extraer de la amenaza una oportunidad. Transformar una debilidad en una fortaleza.
Como hacen los alumnos aspirantes a empresarios de pro.
¿A que parece fácil?
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Empresa y sentimiento
lunes, 11 de diciembre de 2006
Padre Maruja
Lo confieso. En realidad me gusta.
Acabo de pasar 5 días seguidos con los 4 niños a solas en la casa de la montaña. Y claro: dosis triple de marujeo.
Abre la casa, deshaz maletas, ve a la compra, guisa, recoge y friega, plancha, prepara las camas, despioja, baña, da de cenar, viste y desviste, haz las coletas a las niñas ("Papá, tú siempre nos haces cola de caballo porque no sabes hacer otro peinado"), consigue que hagan los deberes y que lean, sal a pasear, dibuja, pinta y recorta los figuras de Navidad que hemos preparado para combatir la escasez adornos de este año en Lagasca.
El día es no parar.
- Veo una cosita que empieza por la A
- (...) Imposible me rindo
- ¡Ojo!
- Pero Joaquín: ¡no empieza por A!
Y poner paz.
- Papá, Joaquín me ha llamado gilimema
- ¡Eso no se dice! ¡Queréis parar, por favor!
Pero qué le voy a hacer. Me lo paso bien.
Lo sé. Que si tienes poca mano. Que si limpias sólo por encima. Que si qué arrugas dejas. No importa. No me van a desmoralizar.
Manolo, con tino, ya pilló mi falso lamento.
18.30 de un viernes de una semana alterna cuaquiera
- Hola Joaquín por dónde andas.
- Pues nada, aquí me pillas, con la tortilla de patatas
- Anda, anda, que sarna con gusto no pica
Se oye un grito de arenga: "¡¡¡Papaaaa Supeeeeer Maruja!!!"
Y estalla una carcajada en estéreo, desde 4 altavoces. Un sonido que no se paga ni con todo el oro del mundo.
Acabo de pasar 5 días seguidos con los 4 niños a solas en la casa de la montaña. Y claro: dosis triple de marujeo.
Abre la casa, deshaz maletas, ve a la compra, guisa, recoge y friega, plancha, prepara las camas, despioja, baña, da de cenar, viste y desviste, haz las coletas a las niñas ("Papá, tú siempre nos haces cola de caballo porque no sabes hacer otro peinado"), consigue que hagan los deberes y que lean, sal a pasear, dibuja, pinta y recorta los figuras de Navidad que hemos preparado para combatir la escasez adornos de este año en Lagasca.
El día es no parar.
- Veo una cosita que empieza por la A
- (...) Imposible me rindo
- ¡Ojo!
- Pero Joaquín: ¡no empieza por A!
Y poner paz.
- Papá, Joaquín me ha llamado gilimema
- ¡Eso no se dice! ¡Queréis parar, por favor!
Pero qué le voy a hacer. Me lo paso bien.
Lo sé. Que si tienes poca mano. Que si limpias sólo por encima. Que si qué arrugas dejas. No importa. No me van a desmoralizar.
Manolo, con tino, ya pilló mi falso lamento.
18.30 de un viernes de una semana alterna cuaquiera
- Hola Joaquín por dónde andas.
- Pues nada, aquí me pillas, con la tortilla de patatas
- Anda, anda, que sarna con gusto no pica
Se oye un grito de arenga: "¡¡¡Papaaaa Supeeeeer Maruja!!!"
Y estalla una carcajada en estéreo, desde 4 altavoces. Un sonido que no se paga ni con todo el oro del mundo.
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viernes, 8 de diciembre de 2006
Promesas fallidas
"Te prometo que trataré de mejorar, que me esforzaré más para que esto no vuelva a suceder. Te quiero y sólo quiero trabajar para verte siempre esa sonrisa que tanto me gusta"
Las palabras cayeron como un mazazo en su cerebro. El hecho de que su transmisión se hubiese producido por el medio escrito le asqueaba aún más. Sonaba a declaración jurada, a contrato privado entre las partes, a acuerdo de sumisión y esclavitud.
Las palabras le transportaron a su pasado. A ocho largos años de sometimiento emocional y acatamiento de los sentimientos ajenos. A años de medir cada acción, cada mensaje con el objetivo de minimizar cualquier reacción explosiva. Esa reacción en cadena, esa fisión nuclear que había bombardeado y finalmente herido de muerte su relación.
Hay un difícil equilibrio que es necesario mantener entre lo que uno piensa en sí mismo y lo que se quiere entregar al prójimo. El equilibrio se ha de alcanzar (ellos lo habían hecho) y mantener (ahí estaba su reto).
El desequilibrio los condujo al alejamiento y a una falta de respeto asimétrica. Y hoy cada uno evoluciona en una punta opuesta del planeta.
Las palabras cayeron como un mazazo en su cerebro. El hecho de que su transmisión se hubiese producido por el medio escrito le asqueaba aún más. Sonaba a declaración jurada, a contrato privado entre las partes, a acuerdo de sumisión y esclavitud.
Las palabras le transportaron a su pasado. A ocho largos años de sometimiento emocional y acatamiento de los sentimientos ajenos. A años de medir cada acción, cada mensaje con el objetivo de minimizar cualquier reacción explosiva. Esa reacción en cadena, esa fisión nuclear que había bombardeado y finalmente herido de muerte su relación.
Hay un difícil equilibrio que es necesario mantener entre lo que uno piensa en sí mismo y lo que se quiere entregar al prójimo. El equilibrio se ha de alcanzar (ellos lo habían hecho) y mantener (ahí estaba su reto).
El desequilibrio los condujo al alejamiento y a una falta de respeto asimétrica. Y hoy cada uno evoluciona en una punta opuesta del planeta.
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lunes, 4 de diciembre de 2006
Elegir (o no) un camino
A mí me sucedió en Trocadéro, aunque me podía haber pasado en Etólie. Eso sí: esos dos son los únicos lugares en los que algo así te puede ocurrir en París: estaciones de metro en las que dos líneas se cruzan. Dos líneas que, al menos por un extremo, finalizan en el mismo punto. Nation.

http://www.parisinfo.de/images/paris-metro-plan-karte.jpg
Apresurado como siempre para no perder el tiempo, me fijo sólo en el punto final del trayecto. La idea es alcanzar Les Halles usando la línea 9 cambiando a la 1 en Franklin D. Roosevelt. Sigo un cartel que dice Direction Nation. Y me acomodo en un vagón.
El convoy sale a respirar un tramo a la superficie y la intensa luz de la Torre Eiffel me llama la atención. Su referencia hace que salten las alarmas de mi sentido de la ubicación. Vamos hacia el sur, hemos cruzado el Sena. Me alejo de la estación Roosevelt. He tomado la línea 6 en vez de la 9. Entonces reparo en lo inusual del hecho: ambas se dirigen a Nation. Y ambas se cruzaron en mi vida en Trocadéro.
El error se puede enmendar. Cambiando en Montparnasse a la 4 me dirijo al norte directo a Les Halles.
Existen situaciones en las que, ante determinados hechos, los que compiten deben elegir un determinado camino entre varias alternativas. Esto suele suceder, por ejemplo, en momento de cambios significativos de tecnología. La evolución de los acontecimientos a partir de entonces se asemeja a una carrera de natación particular, con una caprichosa regla: no se informa a los participantes sobre cuál de los 4 bordes de la piscina es la meta de la carrera en el momento de la salida. Ese dato sólo está disponible tiempo después. No se sabe cuándo.
Unos nadadores, los prudentes, optan por no saltar a la piscina hasta saber a dónde deben dirigirse, arriesgándose, con gran probabilidad, a no ganar. Otro grupo se lanza al ruedo, unos pensando alcanzar el centro de la piscina para estar cerca del mayor número de laterales posible, otros directos al borde que piensan va a ser el destino. Los primeros pueden quedarse en el camino, ahogados, si la vital información tarda mucho tiempo en llegar. Los segundos se mojan dos veces. Y llegan los primeros. O los últimos.
Elegir el destino, y también el camino, es fundamental. Mojarse, como en otoño en París, tiene su recompensa.
Pero ¡qué gustito da poder a veces dejarse llevar por el destino, por el soplo de la providencia (con pe minúscula)!. Yo lo hago conscientemente cuando sé que hay Montparnasses por el camino que permiten rectificar. O cuando el destino es irrelevante. Porque te puedes permitir ganar o perder. Norte, sur, este, oeste. Qué más da por una vez. Y el engranaje automático de las casualidades actúa, por una vez, como le da la real gana.
Presuntamente, una tal Soledad de Valencia, se implicó en una ocasión en estas disquisiciones: "Que importa perder sino puedes ganar".

http://www.parisinfo.de/images/paris-metro-plan-karte.jpg
Apresurado como siempre para no perder el tiempo, me fijo sólo en el punto final del trayecto. La idea es alcanzar Les Halles usando la línea 9 cambiando a la 1 en Franklin D. Roosevelt. Sigo un cartel que dice Direction Nation. Y me acomodo en un vagón.
El convoy sale a respirar un tramo a la superficie y la intensa luz de la Torre Eiffel me llama la atención. Su referencia hace que salten las alarmas de mi sentido de la ubicación. Vamos hacia el sur, hemos cruzado el Sena. Me alejo de la estación Roosevelt. He tomado la línea 6 en vez de la 9. Entonces reparo en lo inusual del hecho: ambas se dirigen a Nation. Y ambas se cruzaron en mi vida en Trocadéro.
El error se puede enmendar. Cambiando en Montparnasse a la 4 me dirijo al norte directo a Les Halles.
Existen situaciones en las que, ante determinados hechos, los que compiten deben elegir un determinado camino entre varias alternativas. Esto suele suceder, por ejemplo, en momento de cambios significativos de tecnología. La evolución de los acontecimientos a partir de entonces se asemeja a una carrera de natación particular, con una caprichosa regla: no se informa a los participantes sobre cuál de los 4 bordes de la piscina es la meta de la carrera en el momento de la salida. Ese dato sólo está disponible tiempo después. No se sabe cuándo.
Unos nadadores, los prudentes, optan por no saltar a la piscina hasta saber a dónde deben dirigirse, arriesgándose, con gran probabilidad, a no ganar. Otro grupo se lanza al ruedo, unos pensando alcanzar el centro de la piscina para estar cerca del mayor número de laterales posible, otros directos al borde que piensan va a ser el destino. Los primeros pueden quedarse en el camino, ahogados, si la vital información tarda mucho tiempo en llegar. Los segundos se mojan dos veces. Y llegan los primeros. O los últimos.
Elegir el destino, y también el camino, es fundamental. Mojarse, como en otoño en París, tiene su recompensa.
Pero ¡qué gustito da poder a veces dejarse llevar por el destino, por el soplo de la providencia (con pe minúscula)!. Yo lo hago conscientemente cuando sé que hay Montparnasses por el camino que permiten rectificar. O cuando el destino es irrelevante. Porque te puedes permitir ganar o perder. Norte, sur, este, oeste. Qué más da por una vez. Y el engranaje automático de las casualidades actúa, por una vez, como le da la real gana.
Presuntamente, una tal Soledad de Valencia, se implicó en una ocasión en estas disquisiciones: "Que importa perder sino puedes ganar".
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Empresa y sentimiento
lunes, 27 de noviembre de 2006
Destino Lisboa
Hay ciudades contundentes y bellas a primera vista, que impactan y enamoran de inmediato. Hay ciudades de una sola dimensión, que son fáciles de comprender.
Lisboa no es ninguna de ellas.
Lisboa se bebe tacita a tacita. Se saborea con el tiempo porque cada sorbo se nota diferente. Cada día tiene un matiz especial o un rincón nuevo en el que no habías reparado antes.
Yo he aprendido a querer a Lisboa con los años. Como debe ser.

La versatilidad de Lisboa tal como se aprecia
desde las ventanas de la Rua das Chagas
Postdata: si alguien quiere versión electrónica full del Estambul de este súper collage que me lo diga y lo envio. Tiene la particularidad de haber sido elaborado artesanalemente por un servidor a las 7 de la mañana de hoy y a 10.000 metros de altura rumbo a la desembocadura del Tajo.
jueves, 23 de noviembre de 2006
Ligereza y provisionalidad
Hay una novela de Isabel Allende, no muy conocida, eclipsada por otros de sus grandes éxitos, que transmite un mensaje para mi importante. El libro se titula "El Plan Infinito", y es de los que tienen "travesía del desierto" en las primeras 50 páginas. Hay que hacer un esfuercillo.
Gregory Reeves la protagoniza. Es un hombre que pasa su vida, y la mayoría de la novela, de un sitio a otro. Sin rumbo fijo y ligero de equipaje para facilitar su movilidad. Le gustan las flores y por eso no le queda más remedio que tenerlas plantadas en unas carretillas que hacen las veces de macetero. De este modo, las lleva consigo allá donde fuere.
Hace un mes me mudé de nuevo. Desde que cumplí los 18 nunca he vivido en el mismo sitio más de 4 años seguidos. He pasado tiempo con la aristocracia, los estamentos militares, el mundo de los conquistadores y del arte. Duquesa de Orleans, Capitán Arenas en Barcelona. General Oraá, Nuñez de Balboa a varias alturas, Claudio Coello. Breve paso por las Historias de Filadelfia. Ahora en Lagasca, antes de irme a una ciudad italiana.
Esta última mudanza me permitió comprobar que a mis 38 años todas mis posesiones físicas, todas las pertenecias materiales de las que dispongo en este mundo caben en 6 maletas de reducidas proporciones. Eso es todo. Ropa, fotos, objetos personales. (Bueno trampa: me faltan los libros que estoy luchando por recuperar). Con eso he vivido y vivo toda mi vida. Por necesidad, no me ha quedado más remedio que pecar y celebrar dos jornadas orgiásticas en IKEA, "volviendo a conquistar mi vida" como reza su slogan, muy al pelo de mi vida. Y ya tengo alguna propiedad más que espero poder mantener, sin que nadie me la arrebate, el resto de mi vida.
Darme de morros con la realidad de que, en el fondo, voy por la vida ligero de equipaje, de que, como Gregory, voy un poco de un lugar a otro, lejos de causarme desasosiego, me generado una sensación de bienestar.
Hace unos meses hablaba con el Director General de una empresa y amigo, que me decía que en en el medio año anterior se habían deshecho de 100 millones de euros de activos de la compañía. Habían liberado caja del balance por esa importantísima cantidad. Caja para acometer nuevos proyectos que permitieran a la empresa generar valor. 100 millones que pasaron de ser un lastre que mantenía a la empresa atrapada a ser motor de crecimiento. He podido comprobar además, no sólo en esa empresa sino en otras, que el ejercicio de aligerar de cargas innecesarias el balance (en inglés algunos lo llaman "asset productivity") es en extremo sencillo. Basta con preguntar a la organización continuamente "Y esto, ¿para qué se necesita?".
Una empresa ligera de equipaje es más ágil. Se puede mantener en una situación de provisionalidad contínua. Reivindico la acepción positiva del término "provisionalidad". La provisionalidad imprime cierta tensión. Y la tensión permite reaccionar de forma rápida ante los cambios del entorno y los movimientos de la competencia. La necesidad de rápida reacción exige alforjas ligeras. Que permiten mantener la tensión...
En las últimas páginas de El Plan Infinito, Gregory encuentra finalmente su rumbo. Después de mil tribulaciones recala en un lugar permanente. Y planta sus flores en tierra firme.
Quiero tener maceteros permanentes para mis plantas. Pero también saber, que lo que realmente me importa me cabe en seis maletas. Quiero tener la tranquilidad de que, si es necesario, puedo avanzar ligero a una nueva etapa de mi vida. Al fin y al cabo, las flores se pueden trasplantar.
Postdata aclaratoria:
1) Me ha hundido en la negra miseria el comentario de Óscar. ¿Cómo que no sabes qué es Wharton?. El próximo viaje en vez de Australia, a los Estados Unidos. Wharton es la más prestigiosa escuela de negocios del mundo mundial. Pertenece a la Universidad de Pennsylvania y está en Filadelfia.
2) Mi cuñado me recriminó ayer que mis posts son demasiado sentimentales. Cómo buen ingeniero de telecomunicaciones le suena un poco a chino. Intento rebajar la carga emotiva. Pero siempre, en algún lugar, hay una ligazón entre el mundo pragmático que nos rodea y los sentimientos de las personas. Y me gusta poner ese eslabón de relieve.
Gregory Reeves la protagoniza. Es un hombre que pasa su vida, y la mayoría de la novela, de un sitio a otro. Sin rumbo fijo y ligero de equipaje para facilitar su movilidad. Le gustan las flores y por eso no le queda más remedio que tenerlas plantadas en unas carretillas que hacen las veces de macetero. De este modo, las lleva consigo allá donde fuere.
Hace un mes me mudé de nuevo. Desde que cumplí los 18 nunca he vivido en el mismo sitio más de 4 años seguidos. He pasado tiempo con la aristocracia, los estamentos militares, el mundo de los conquistadores y del arte. Duquesa de Orleans, Capitán Arenas en Barcelona. General Oraá, Nuñez de Balboa a varias alturas, Claudio Coello. Breve paso por las Historias de Filadelfia. Ahora en Lagasca, antes de irme a una ciudad italiana.
Esta última mudanza me permitió comprobar que a mis 38 años todas mis posesiones físicas, todas las pertenecias materiales de las que dispongo en este mundo caben en 6 maletas de reducidas proporciones. Eso es todo. Ropa, fotos, objetos personales. (Bueno trampa: me faltan los libros que estoy luchando por recuperar). Con eso he vivido y vivo toda mi vida. Por necesidad, no me ha quedado más remedio que pecar y celebrar dos jornadas orgiásticas en IKEA, "volviendo a conquistar mi vida" como reza su slogan, muy al pelo de mi vida. Y ya tengo alguna propiedad más que espero poder mantener, sin que nadie me la arrebate, el resto de mi vida.
Darme de morros con la realidad de que, en el fondo, voy por la vida ligero de equipaje, de que, como Gregory, voy un poco de un lugar a otro, lejos de causarme desasosiego, me generado una sensación de bienestar.
Hace unos meses hablaba con el Director General de una empresa y amigo, que me decía que en en el medio año anterior se habían deshecho de 100 millones de euros de activos de la compañía. Habían liberado caja del balance por esa importantísima cantidad. Caja para acometer nuevos proyectos que permitieran a la empresa generar valor. 100 millones que pasaron de ser un lastre que mantenía a la empresa atrapada a ser motor de crecimiento. He podido comprobar además, no sólo en esa empresa sino en otras, que el ejercicio de aligerar de cargas innecesarias el balance (en inglés algunos lo llaman "asset productivity") es en extremo sencillo. Basta con preguntar a la organización continuamente "Y esto, ¿para qué se necesita?".
Una empresa ligera de equipaje es más ágil. Se puede mantener en una situación de provisionalidad contínua. Reivindico la acepción positiva del término "provisionalidad". La provisionalidad imprime cierta tensión. Y la tensión permite reaccionar de forma rápida ante los cambios del entorno y los movimientos de la competencia. La necesidad de rápida reacción exige alforjas ligeras. Que permiten mantener la tensión...
En las últimas páginas de El Plan Infinito, Gregory encuentra finalmente su rumbo. Después de mil tribulaciones recala en un lugar permanente. Y planta sus flores en tierra firme.
Quiero tener maceteros permanentes para mis plantas. Pero también saber, que lo que realmente me importa me cabe en seis maletas. Quiero tener la tranquilidad de que, si es necesario, puedo avanzar ligero a una nueva etapa de mi vida. Al fin y al cabo, las flores se pueden trasplantar.
Postdata aclaratoria:
1) Me ha hundido en la negra miseria el comentario de Óscar. ¿Cómo que no sabes qué es Wharton?. El próximo viaje en vez de Australia, a los Estados Unidos. Wharton es la más prestigiosa escuela de negocios del mundo mundial. Pertenece a la Universidad de Pennsylvania y está en Filadelfia.
2) Mi cuñado me recriminó ayer que mis posts son demasiado sentimentales. Cómo buen ingeniero de telecomunicaciones le suena un poco a chino. Intento rebajar la carga emotiva. Pero siempre, en algún lugar, hay una ligazón entre el mundo pragmático que nos rodea y los sentimientos de las personas. Y me gusta poner ese eslabón de relieve.
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domingo, 19 de noviembre de 2006
Sueños y realidades

I
Hoy releo con avidez y una sonrisa marcada en la cara un documento familiar histórico. Matizo: un documento histórico. Bueno, sí: es familiar. Lo escribió mi tío Ramón. Pero también es histórico porque creo que es único.
Se trata en apariencia de algo mundano carente de interés alguno. Un folleto, a todo color, de venta de una promoción de viviendas, el Parque Residencial Alpicat, un pueblo a 6 kilómetros de Lérida (la ciudad que me vio nacer). Un conjunto de casas unifamiliares alrededor de un bonito jardín con piscina.
Transcribo algunos párrafos respetando absolutamente la literalidad del texto original:
"Hemos creado un ambiente de silencio, situándonos en una zona rural "Alpicat" donde todavía podemos contemplar el vuelo indeciso de las codornices, la danza de la naturaleza en una puesta de sol y el temblor del paisaje a mediodía"
"El ambiente del grupo residencial roza la hierba espinosa de los canales de riego, respira el perfume de los árboles frutales y se eleva a un cielo puro, cobrando vida y vibrando plenamente con la tierra y con las peras limoneras"
"SALÓN, COMEDOR y SALAS DE ESTAR en comunicación directa con los jardines interiores privados, donde la vida familiar, en contacto directo con la intimidad de la naturaleza, puede transcurrir en todo su encanto contemplativo. Por esta proyección de espacio creado hacia el hombre, podemos beber todo el encanto de las juergas de una vida íntima, donde el amor se renueva, se impone la intimidad, la naturaleza se desencadena, libre de toda indiscreción social".
Este era el sueño de mi tío Ramón. Una genial idea. Genial y visionaria: en la segunda página del folleto se puede leer la fecha de publicación. 1968.
II
En el mundo de los negocios, los sueños son la visión y la realidad viene marcada por la capacidad de ejecución.
Hace unas semanas, el dominical de El Mundo publicaba una entrevista con Jesús Encinar. Jesús es el director de http://www.idealista.com/, un portal de intermediación inmobiliaria que recomiendo (me permitió encontrar mi actual apartamento de alquiler a la primerísima), tiene un blog muy interesante (http://www.jesusencinar.com/) y es graduado por Harvard (punto oscuro de su pasado, que yo, como buen ex alumno de Wharton tengo que recalcar, pese a que hoy me encuentre en la ciudad de Boston para celebrar un desayuno con futuros graduados de la escuela). De dicha entrevista me llevé algo, que aunque parece obvio, es muy necesario recordar siempre: lo importante para el éxito en el mundo de los negocios no son las grandes ideas, sino la capacidad para implantarlas. Y Jesús recordaba el año 2000 en el que sólo en el mercado español se lanzaron decenas de portales inmobiliarios. Hoy, el suyo, es el líder del mercado y la mayoría de sus competidores se han quedado en el camino. Lo que le llevó a donde está: el diferencial en capacidad de puesta en marcha con respecto a sus competidores, no la originalidad de la idea.
Mi vida profesional me permite tener acceso a muchos responsables de negocio. Cada uno con su cultura y con su estilo de gestión. Pero puedo corroborar el punto de Jesús. El denominador común de los que tienen éxito es su habilidad de gestionar los recursos, de motivar a las personas y de seguir con detalle el progreso de los planes hasta conseguir que las ideas se transformen en algo palpable. En resultados.
III
Tengo un recuerdo de principios de los 70, siendo yo un niño. Guardo con nitidez en mi cabeza las imágenes de un paseo con mis padres entre paredes de ladrillos de un edificio sin acabar. Una obra abandonada. El fracaso del Parque Residencial Alpicat.
Mi tío Ramón mezcló los negocios con las emociones y la poesía con la arquitectura. Y le salió mal. Hay elementos que, como el agua y el aceite, no interaccionan bien. Se adelantó a su tiempo con una idea que luego ha triunfado por doquier. Tuvo una visión de genio de los negocios, pero no tuvo capacidad de implantación. Y su idea quedó olvidada en 12 páginas a todo color. En una publicación de la que hoy sólo queda un ejemplar.
Por eso hoy reivindico su genialidad y expongo su idea ante la millones de posibles miradas. Él jamás se lo habría podido imaginar. Pero seguro le hubiera encantado la idea.
Es hacer un poco realidad su sueño fracasado.
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martes, 14 de noviembre de 2006
Observaciones desde la India (II)
I
El hombre que determina la política económica de 1.100 millones de personas de nuestro planeta se dirige a nosotros. El Ministro de Finanzas de la India es un hombre de discurso pausado y claro.
Las reformas y el proceso de liberalización de los mercados en la India se iniciaron en 1991, y desde entonces, de forma lenta pero inexorable están sacando a millones de personas de la pobreza.
Pero queda mucho por hacer. Por ello se abre el debate sobre la velocidad de las reformas.
Sin embargo, la India quiere seguir siendo una democracia. En un país con 24 estados, 17 lenguas y siete religiones el consenso es difícil, pero se consigue a base de hacer más lento el proceso. Están dispuestos a hacer el sacrificio. La coalición gobernante la forman 24 partidos diferentes.
Ante una pregunta capciosa el Ministro no duda. "Prefiero hacer una autopista un kilómetro más larga si es necesario para preservar las tumbas de los ancestros de un pueblo por el que tiene que pasar la construcción".
Arranca una ovación. El proceso de reforma y de progreso en la India es moderado pero está vivo y tiene el talante de perpetuarse, porque es consensuado.
II
La amistad es un proceso vivo. Y como una reforma económica, no es algo que es o no es. La amistad tiene grados de intensidad.
Son comunes diferentes varas de medir cuan profunda es una amistad. La entrega, la generosidad, el anteponer los intereses de un amigo a los propios, incluso el grado de confianza.
Para mí, las grandes amistades son aquellas en las que puedes decir al otro todo lo que piensas, aunque a veces duela. La amistad verdadera a veces escuece. Y, cuando es herida, no se cura con el agua oxigenada de las mentiras piadosas. Sino con el alcohol de 96 grados de coger el toro por los cuernos.
Las buenas amistades se miden también por lo sonoras que son. Su intensidad suele ser proporcional a los decibelios de las risas de los buenos momentos.
III
No es de la capital. Viene del norte, y eso le imprime carácter. Un poco bruto a veces. Como un niño grande. Pero tiene lo fundamental: unos sólidos valores que anclan su barco evitando que escore cuando la mar viene revuelta. Y un gran corazón.
Precisamente eso, lo fundamental, lo hace un gran amigo. Dedica tiempo, aporta sabios consejos. Convierte la amistad en un foro de enriquecimiento mutuo. Las mentiras piadosas están abandonadas en el baúl de los recuerdos y los decibelios andan desbocados y aliados con la complicidad que nos une.
"No te pongas nervioso, no te tenses" le digo en medio de un pequeño tumulto en Delhi. Él parece tranquilo, pero yo sé que no lo está.
"Cuánto me conoces" me contesta
El niño grande se deja conocer. Ayuda y se deja ayudar.
IV
No quiero amistades explosivas. No quiero grandes aspavientos. Quiero amistades vivas y de avance inexorable, como las reformas de la India.
Quiero con el alma a mi amigo de San Sebastián.
El hombre que determina la política económica de 1.100 millones de personas de nuestro planeta se dirige a nosotros. El Ministro de Finanzas de la India es un hombre de discurso pausado y claro.
Las reformas y el proceso de liberalización de los mercados en la India se iniciaron en 1991, y desde entonces, de forma lenta pero inexorable están sacando a millones de personas de la pobreza.
Pero queda mucho por hacer. Por ello se abre el debate sobre la velocidad de las reformas.
Sin embargo, la India quiere seguir siendo una democracia. En un país con 24 estados, 17 lenguas y siete religiones el consenso es difícil, pero se consigue a base de hacer más lento el proceso. Están dispuestos a hacer el sacrificio. La coalición gobernante la forman 24 partidos diferentes.
Ante una pregunta capciosa el Ministro no duda. "Prefiero hacer una autopista un kilómetro más larga si es necesario para preservar las tumbas de los ancestros de un pueblo por el que tiene que pasar la construcción".
Arranca una ovación. El proceso de reforma y de progreso en la India es moderado pero está vivo y tiene el talante de perpetuarse, porque es consensuado.
II
La amistad es un proceso vivo. Y como una reforma económica, no es algo que es o no es. La amistad tiene grados de intensidad.
Son comunes diferentes varas de medir cuan profunda es una amistad. La entrega, la generosidad, el anteponer los intereses de un amigo a los propios, incluso el grado de confianza.
Para mí, las grandes amistades son aquellas en las que puedes decir al otro todo lo que piensas, aunque a veces duela. La amistad verdadera a veces escuece. Y, cuando es herida, no se cura con el agua oxigenada de las mentiras piadosas. Sino con el alcohol de 96 grados de coger el toro por los cuernos.
Las buenas amistades se miden también por lo sonoras que son. Su intensidad suele ser proporcional a los decibelios de las risas de los buenos momentos.
III
No es de la capital. Viene del norte, y eso le imprime carácter. Un poco bruto a veces. Como un niño grande. Pero tiene lo fundamental: unos sólidos valores que anclan su barco evitando que escore cuando la mar viene revuelta. Y un gran corazón.
Precisamente eso, lo fundamental, lo hace un gran amigo. Dedica tiempo, aporta sabios consejos. Convierte la amistad en un foro de enriquecimiento mutuo. Las mentiras piadosas están abandonadas en el baúl de los recuerdos y los decibelios andan desbocados y aliados con la complicidad que nos une.
"No te pongas nervioso, no te tenses" le digo en medio de un pequeño tumulto en Delhi. Él parece tranquilo, pero yo sé que no lo está.
"Cuánto me conoces" me contesta
El niño grande se deja conocer. Ayuda y se deja ayudar.
IV
No quiero amistades explosivas. No quiero grandes aspavientos. Quiero amistades vivas y de avance inexorable, como las reformas de la India.
Quiero con el alma a mi amigo de San Sebastián.
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